LOS APASIONADOS DE las carnes no logran entender qué pasa por la cabeza de un vegetariano: ¿cómo son capaces de rechazar una jugosa y recién cocinada chuleta, y preferir un plato de verduritas? Bueno, tal vez con una visita al Vegetariano lo entiendan.
En este sitio, ubicado en una de las calles más transitadas de San Pedro, un ayote apenas sancochado puede llevar a convertirse en una soberbia crema de esta verdura, unos pálidos palmitos hacen equipo con un aderezo de remolacha, y unos monocromáticos espárragos hacen fiesta en un arroz dorado junto al arroz integral, la carne de soya y la salsa de masala.
El menú ha demostrado ser todo un éxito para los apasionados de los vegetales y otros que no lo son tanto, pero que han encontrado, en este restaurante, las combinaciones más variadas y apetitosas. Aquí, los cocineros demostraron a los comelones de carne que nada es imprescindible.
En realidad, el Vegetariano de la U -como todo el mundo lo conoce- no se llama así; su verdadero nombre es Restaurante Comida para Sentir. Nació hace nueve años por inspiración de unos españoles que lo iniciaron con un concepto bastante elemental: plato del día, casados y tres o cuatro opciones más.
Dos años después, tres ticos lo adquirieron y comenzaron a meterle mano. "Empezamos a investigar sobre comida de diferentes regiones: la de la India, la tailandesa y la vegetariana, por supuesto. Además, nos acomodamos al sistema universitario de platos de bajo costo", cuenta Mario Herrera, uno de los propietarios.
Este proceso de búsqueda de recetas y productos continuó con los años y aún no termina porque, cuando se ha tenido que cambiar el menú para introducir novedades y mejoras, se hace sin pensarlo mucho. "Nuestro mejor crítico son los clientes ya que las personas que vienen a comer son muy detallistas; cuando algo las molesta, saben que pueden acercarse a nosotros y decírnoslo", agrega Herrera.
Para revisar bien el menú, uno tiene que tomarse su tiempo. Unos 40 platos -con las más variadas combinaciones- lo sacarán de la rutina alimentaria. Por ejemplo: un coctel de aguacate con almendras, un cebiche de algas marinas, un antipasto de aceitunas negras y verdes, chile morrón y hongos en aceite de oliva, y un refresco de zanahoria, remolacha y apio. Por semana hay tres especialidades: los lunes, lasaña de verduras; los miércoles, parrillada de verduras; los viernes, pizza de verduras (el precio es el mismo cada día: ¢1.400).
¿Y qué decir de los postres? Los hay de todo: ayote, banano, naranja, plátano maduro, macadamia, yogur, zanahoria y chocolate, solo por mencionar algunos.
Al mediodía, el Vegetariano es un hervidero: la gente entra y sale. Por suerte, hay dos salones grandes y otros, más pequeños; entre todos ofrecen unas 25 mesas. Aquí, nada es formal: la gente entra en los más variados atuendos, sin mayor problema pues el restaurante se presta para eso y más. La decoración flota de las paredes: móviles, ventanas, colores vivos, lunas, soles y mariposas interactúan con el ambiente.
En cuanto a los precios, los costos hacen una caricia al bolsillo. Un almuerzo para dos personas, con entrada, plato fuerte y postre, puede costar unos ¢5.000 ó menos.
Muchos ven al vegetarianismo como una opción para mejorar no solo la alimentación, sino todo el estilo de vida, y así debe de ser; sin embargo, uno no tiene que comulgar con esa doctrina para degustar sus mejores platos.