Managua (AFP). El presidente de Nicaragua Daniel Ortega rechazó las pretensiones de sus opositores del Congreso de autorizar la destrucción de un bloque de 651 misiles rusos SAM-7, mientras el resto de países de Centroamérica renueva su flota militar.
"Nicaragua es el país que más ha venido desarmándose en la región centroamericana" y es "absurdo" que destruya los cohetes defensivos que el ejército adquirió durante la revolución sandinista (1979-90) cuando vecinos como Honduras compran aviones de guerra a Estados Unidos, afirmó Ortega.
"Nicaragua no tiene aviación de guerra" mientras que "la aviación que tiene Honduras es de carácter ofensivo", lo que le permite "en un momento de confrontación penetrar al otro país en cuestión de minutos", apuntó.
"Tenemos ejércitos por toda Centroamérica, incluyendo Costa Rica (que) tiene una fuerza muy poderosa que le llaman Fuerza Civil", por lo que Nicaragua no se seguirá desarmando mientras los países vecinos tengan Fuerzas Aéreas más poderosas" indicó.
Ortega advirtió que si sus homólogos siguen renovando su flota, el gobierno sandinista comprara nuevos cohetes para sustituir los 1.100 misiles viejos que tiene el ejército.
"Lo ideal sería que no gastáramos en armamentos, pero la realidad es otra", pero todo va a depender de que los centroamericanos "entendamos que no nos conviene ir por una carrera armamentista", señaló.
Ortega reaccionó a la decisión de los diputados opositores del Partido Liberal Constitucionalista (PLC, derecha) y de la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN, derecha) de introducir la destrucción de los cohetes en la agenda parlamentaria.
"Yo quiero llamar la atención a los diputados.. para que independientemente de las diferencias políticas velemos por la soberanía e integridad de nuestro país", exhortó el gobernante sandinista, que asumió el cargo el pasado 10 de enero.
El presidente de la Comisión de Defensa y Seguridad del Congreso, Enrique Quiñónez, dijo el viernes que existe un dictamen positivo sobre el tema que es apoyado por los dos partidos, que juntos reúnen mayoría de 47 para aprobar leyes ordinarias, pero no la calificada de 52 que se necesita para destruir los cohetes.
El anterior presidente Enrique Bolaños ordenó en 2004 eliminar mediante un decreto ejecutivo los primeros 1.000 misiles SAM-7, atendiendo una petición de Estados Unidos que temía que los cohetes cayeron en manos terroristas.
El desarme se efectuó en el marco de un plan centroamericano de desarme acordado en el 2003, que no fue correspondido por los otros gobiernos del istmo y que el congreso nicaragüense de entonces frenó con una ley de armas que exige al Ejecutivo pedir permiso al Parlamento.