No hya por dónde: el teatro está definitivamente lleno. Aunque el espectáculo que se presenta esa noche no es precisamente teatral, la noticia no es para echarse a llorar sino, por el contrario, para esbozar otro tipo de muecas. Quienes permanecen en su butaca, tan serios, están a punto de partirse de risa, como puede confirmarse unos minutos más tarde.
Desde que el humorista costarricense Nel López se instaló en el Teatro La Comedia, a mediados de mayo, la sala ha experimentado una constante sensación de llenura pues -extraña ecuación- aunque el público sabe que, por lo general, a un teatro se va a ver teatro, decidió arriesgarse y pagar por ver en vivo lo que, casi con toda seguridad, ya le daban la televisión o la radio o incluso una fiesta privada.
A las 8 de la noche, todas las localidades de la primera planta del teatro están despabiladas. En el escenario solo hay un atril con una guitarra, una mesa con un vaso de agua y una pantalla de video con la imagen en off. Nadie sabe exactamente lo que va a pasar pero, por lo que se ve, no parece que vaya a haber un gran movimiento escénico.
En la fila, poco antes de comprar las entradas, un afiche mostraba las características del espectáculo que coló a López hasta el escenario. Un Nel acompañado de chicas y rubias encaramadas en un carro pronosticaban una versión teatralizada de alguno de los programas televisivos que él suele protagonizar. Pero no: la ficha técnica de Conversando con Migomismo resultó tan escueta como la utilería del espectáculo.
Antes de que alguien logre impacientarse, Nel López irrumpe en escena, micrófono en mano. De repente, el hombre que asegura desafinar incluso las puertas que toca, se lanza a interpretar un dúo con la imagen que emerge de la pantalla que, evidentemente, es la suya propia. Así comienza la noche: con la imagen desdoblada de un cuentachistes casero.
De vos en voz
Enumerarlos no tiene chiste, pero hay que decir que la lista es interminable. Durante casi una hora seguida y veinte minutos, sin intermedio, Nel López no se detiene. Nada ni nadie interrumpe la contada de chistes y anécdotas, entre otras cosas, porque en el escenario nunca hay otra persona, excepto él.
El recurso de la pantalla funciona para fabricar la ilusión del plural: que el humorista pueda establecer un "diálogo" consigo mismo y esto anime su presencia en escena, como si Migomismo -como se llama el personaje de la pantalla- fuera un hermano que conoce tan bien como él los supuestos secretos de familia, las historias del supuesto pueblo, las canciones de la supuesta infancia&...;
El esfuerzo es maratónico, aunque no tanto como la fluidez con que el comediante hace transcurrir el tiempo a vista y paciencia del público, que también busca desesperadamente la forma de que López le dé el tiempo suficiente para reírse a gusto, antes de continuar con los chistes y no perderse ninguno. Aunque Conversando con Migomismo no es un montaje dramático, no tiene una estructura teatral y carece de elementos escénicos como luces o sonido, sí es un espectáculo que colma las expectativas de su público, que sabe a lo que va pero implora por eso.
Es difícil que alguien se canse mientras Nel canta, cuenta y habla consigo mismo: si la risa es contagiosa, la idiosincrasia lo es más todavía.
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? Conversando con Migomismo, espectáculo de humor de Nel López.
¿Dónde? Teatro La Comedia, contiguo al Más X Menos de Cuesta de Moras, Avenida Central.
¿Hasta cuándo? Sábado 7 de junio.
Funciones: Viernes y sábados.
Hora: 8 p. m.
Entrada: ¢2.000.
Reservaciones: 233-2170.