Columbia, Maryland, EE.UU. La nave espacial NEAR, el primer objeto artificial que se posa sobre un asteroide, podría seguir enviando señales durante meses, pero a partir de mañana no habrá quién las reciba.
La nave, que fue diseñada para orbitar alrededor del asteroide Eros pero no para depositarse en él, sorprendió ayer a los expertos al posarse tan suavemente sobre la superficie del asteroide que su transmisor radial siguió enviando una señal firme a Tierra.
El director de la misión, Robert Farquhar, dijo que si los paneles solares siguen generando electricidad, la señal podría durar hasta tres meses.
Pero mañana la misión de cinco años concluirá oficialmente, dijo Farquhar, y la red de la NASA no transmitirá más las señales procedentes de Eros, a unos 315 millones de kilómetros.
``Podríamos seguir comunicándonos, pero no seremos capaces de hacerlo'', dijo. En todo caso, NEAR se silenciará cuando los paneles solares no puedan seguir produciendo electricidad. En ese entonces las señales se irán debilitando hasta que se agoten las pilas.
La señal de NEAR prácticamente no transmite información, de modo que es poco probable extraer datos científicos de la nave, que estuvo orbitando en torno de Eros durante el último año y transmitiendo fotografías e informaciones a Tierra, dijeron los encargados.
La señal es apenas un murmullo que permite al control de la misión advertir que NEAR sigue funcionando, aunque no de la calidad suficiente como para transmitir fotografías ni datos.
El descenso del NEAR --siglas en inglés de Encuentro con un Asteroide Cercano a la Tierra-- sorprendió aun a los más optimistas.
``Supuse que algo iba a salir mal, pero no ocurrió'', dijo Farquhar, el funcionario que fue el primero en sugerir que se intentara la maniobra. Había calculado que el NEAR, de media tonelada de peso, tenía menos del 1% de probabilidades de enviar señales a Tierra después de descender sobre el asteroide.
Algunos dirigentes de la NASA habían advertido que sería ``un choque controlado'' sobre Eros, un objeto alargado de 33 kilómetros de largo.
Pero la nave disparó con precisión sus cohetes para descender desde su órbita a 24 kilómetros del asteroide y luego fue acercándose paulatinamente frenando su descenso con otros cuatro disparos de sus cohetes. Tocó la superficie, rebotó y luego quedó firme.
La misión fue controlada por el Laboratorio de Física aplicada de la Universidad John Hopkins y financiada por la NASA.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.