PUEDE QUE LOS entendidos en porcicultura lo hayan sabido siempre pero para algunos de nosotros la palabra berraco no existía, y mucho menos algún espécimen que lo representara. Ahora, después de visitar el Museo de Ciencias Naturales La Salle, damos fe de que el animal que porta el letrero con ese nombre es un impresionante cerdo de dimensiones vacunas, que con apenas tres años puede llegar a pesar 400 kilos, medir 1,60 m. de altura y 1,80 m. de largo.
El tal berraco no está vivo pero parece, pues en este lugar el principal requisito para ser modelo de vitrina es estar con las cuatro patas en el otro mundo.
Pero no solo el berraco es impresionante en este museo, también lo es el no menos grande oso polar, el hermoso tigre de Bengala, la diminuta musaraña que con seis centímetros es el mamífero más pequeño del mundo, o la osamenta de la ballena boreal de 14 metros de longitud que está a la entrada del museo, como para dar la bienvenida a los visitantes.
Esta es una muestra mínima de las especies que uno puede venir a apreciar a este sitio que, apegado a la filosofía de conservar una muestra de las especies, cualquiera que estas sean, se valió de la taxidermia -técnica de la disecación- y logró convertirse, según los entendidos en historia natural, en uno de los lugares más completos en su campo en Hispanoamérica. Los números nos dan la razón: 3.100 metros cuadrados albergan dificultosamente y de forma permanente 65.000 piezas de exhibición permanente.
Un poco de todo
Después de apreciar el esqueleto de la ballena boreal, el que además fue encontrado aquí mismo, en bahía Salinas&...;pasamos a observar la sección de fósiles, minerales y rocas. Se trata de un estante enorme con cientos de piezas con los más extraños ejemplares que van desde una muela de mastodonte, más grande que una mano, hasta un fósil diminuto con más de 500 millones de años.
Algunos prototipos fueron encontrados en nuestro país y otros son productos del intercambio con otras latitudes. Por ejemplo, regiones como el Pacífico Central (Punta Judas), el Atlántico (río Banano) o Patarrá, al sur de la capital, han aportado importantes piezas a esta sección y a otras del mundo. Otros, como chimpancés, canguros o leones, han venido de afuera para quedarse.
Frente a estas vitrinas en una especie de patio están las réplicas de esqueletos de dinosaurios. Un Parque Jurásico en pequeño con especímenes en tamaño real.
El museo está formado por tres salones en los que categorías como insectos, ictiología, herpetología, ornitología, mamíferos, y antropología, se pelean el espacio. Todos los animales ponen cara de vivos y están colocados en escenarios muy similares a sus hábitat naturales.
No es extraño entonces, que quienes crucen las puertas vengan luciendo sus uniformes escolares o colegiales, aunque uno que otro ciudadano interesado no se priva de las maravillas de la historia natural.
El objetivo primordial del museo es la preservación de animales que fallecen sin violencia, este es el único requisito para poder ocupar un espacio en la exhibición. "Aunque sea un super ejemplar, si no fenece por causas naturales, no entra al Museo", afirma Jimmy Flott, curador de las colecciones.
De esta forma, especies que el tiempo ha querido llevarse consigo pueden verse en este Museo. Tal es el caso del águila arpía, "la más fuerte del mundo y de la que no se tienen registros de avistamiento en nuestro país desde hace veinte años. La que hay en el museo llegó en 1963", agregó Flott. Muchos animales pueden y podrán ser conocidos solo tras las vitrinas de este lugar.
El Museo La Salle nació sin proponérselo, el hermano Eduardo Fernández -quien sigue siendo el director-, profesor de ciencias del Colegio La Salle allá por el año 1960, empezó a recoger los trabajos y las tareas de sus alumnos para exhibirlos.
Desde entonces, intercambios con otros museos, colecciones privadas y muchos de los zoológicos nacionales, han proporcionado material a este lugar en el que no hay suspiros, ni ruidos, ni vida, aunque sí un impresionante caudal de conocimiento.