
París . El príncipe Rainiero de Mónaco ha muerto hoy en la madrugada, a los 81 años de edad, en el centro Cardio-torácico del Principado, donde había ingresado el pasado 7 de marzo.
El soberano falleció a las 06.35 hora local (04.35 GMT), víctima de los problemas broncopulmonar, cardíaco y renal que habían motivado su hospitalización, informó su gabinete.
Los monegascos lloran hoy a su soberano, Rainiero III, cuyos restos mortales fueron trasladados del hospital donde agonizó en las últimas dos semanas hasta la capilla del Palacio, para recibir el último adiós de sus familiares y súbditos.
Los funerales de Rainiero se celebrarán el próximo día 15, al mediodía, en la catedral de Mónaco, y la ceremonia será retransmitida en pantallas gigantes en varias iglesias del Principado, según informó el Gobierno.
La vida de Rainiero se apagó "muy apaciblemente", según el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi, quien indicó que el capellán de la familia Grimaldi, Cesar Penzo, "había acompañado al príncipe hasta el último momento" y había "bendecido el cuerpo cuando fue trasladado al Palacio".
Esta noche está previsto que se celebre una misa intima para la familia del príncipe, incluido el sucesor, Alberto, en la capilla del Palacio.
En esta capilla ardiente, los miembros de la administración monegasca o del cuerpo diplomático podrán inclinarse ante los restos mortales de Rainiero el próximo lunes, y, el martes y el miércoles, sus súbditos y los residentes de este mini-Estado mediterráneo.
La familia de Rainiero observará un luto de tres meses, mientras que los funcionarios lo harán durante un mes, indicó el Gobierno.
Discretos y reservados por naturaleza, los monegascos lloraron con sobriedad la perdida de su "patrón" que, como buen amante del mar, llevó con mano férrea y diestra el timón de su pequeño país.
Con lágrimas algunas mujeres reconocían sin pudor que sentían la perdida de Rainiero como si se tratase de un familiar y que iban a rezar por él para darle las gracias por todo lo que había hecho por Mónaco, el segundo Estado más pequeño del mundo detrás del Vaticano.
Más púdicos o demasiado emocionados para expresar su pena, otros señalaban simplemente que tenían la impresión de que estaban ante un momento histórico, ante un cambio de era, y manifestaban su esperanza de que el príncipe Alberto sea también un buen soberano.
Algunos reconocían que al conocer la noticia de la muerte de Rainiero se habían sentido aliviados, pues estimaban que había sufrido demasiado y que, por fin, podrá descansar en paz.
Las banderas rojiblancas del Principado que Rainiero gobernó durante más de 55 años y que ondeaban a media asta desde la muerte del Papa el pasado sábado, se cubrieron hoy con crespones negros en una señal de duelo propio.
Las mismas banderas y crespones que se podían ver también en balcones, automóviles y en las puertas de los comercios, muchos de los cuales permanecieron espontáneamente cerrados sin esperar a conocer las consignas del Ayuntamiento.
Los cuatro casinos de Mónaco cerraron sus puertas y volverán a hacerlo el día de las exequias de Rainiero en "signo de duelo y respeto", indicó la Société des Bains de Mer (SBM), que gestiona también 29 restaurantes y cuatro hoteles de Mónaco.
El Gobierno ha invitado a suspender todos los espectáculos hasta el día después de los funerales, y las manifestaciones deportivas se mantendrán salvo el día de las exequias, cuando sólo podrán seguir su curso las internacionales, como el Masters Series de tenis.
Largo reinado
Rainiero III era el decano de los soberanos de Europa, con más de 55 años en el cargo durante los cuales impulsó el lugar de su micro Estado mediterráneo en el mundo, con su ingreso en Naciones Unidas, en 1993, y en el Consejo de Europa, el pasado octubre, y lo convirtió en una plaza financiera internacional.
El pasado día 31, el príncipe heredero, Alberto, su único hijo varón, asumió la regencia, ante el "impedimento" del soberano para ejercer sus funciones a causa de su estado.
La muerte de Rainiero se produce casi un mes después de su hospitalización y tras más de dos semanas ingresado en la unidad de reanimación y sometido a respiración asistida.
Rainiero, que llegó al trono en 1949, sucediendo a su abuelo Luis II, protagonizó una de las bodas del siglo XX al casarse en 1956 con la actriz Grace Kelly, con la que tuvo tres hijos: Alberto, Carolina y Estefanía.
Un accidente de coche segó la vida de Gracia de Mónaco en 1982, dejando a Rainiero desconsolado y abriendo un turbulento período de escándalos vinculados a la familia Grimaldi, cuya dinastía se remonta a siete siglos.
Cuento de hadas y tragedias
La vida de Rainiero de Mónaco estuvo marcada por la tragedia y los escándalos, pero también por su "cuento de hadas" con la mítica Grace Kelly, fuente de la notoriedad de su minúsculo Estado.
La boda del príncipe que gobernaría Mónaco con mano firme durante más de medio siglo con una de las actrices más admiradas y bellas de Hollywood fue, en 1956, un excelente reclamo para el turismo y los inversores, del que aún hoy sigue viviendo el pequeño Principado.
El romántico "flechazo" entre Rainiero y Grace en el Festival de Cannes y el idilio mientras la famosísima actriz rodaba "Atrapa un ladrón" de Alfred Hitckcock en la Costa Azul emocionaron a medio mundo con una historia de amor, para unos, o de interés, para otros, pero que no dejó a nadie indiferente por el "glamour" de la pareja.
El matrimonio, uno de los más recordados del siglo XX, propició una alianza entre la alcurnia de la vieja aristocracia europea y la modernidad de Hollywood y, de paso, dio nacimiento a la larga relación de amor y odio entre la familia Grimaldi y las revistas del corazón.
La emergente prensa rosa encontró en aquella boda de "cuento de hadas" un filón sin precedentes, que ha llevado a un paparazzi que fotografía habitualmente a los Grimaldi a comparar Mónaco con "Dallas": "es una saga folletinesca y siempre pasa algo".
En un principio, Rainiero aceptó de buen grado e incluso fomentó la notoriedad que le daban los medios -no tuvo reparo en subastar la exclusiva del nacimiento de su hija Carolina en 1957 por siete millones de francos franceses- pero dejó de hacerlo cuando no pudo controlar las imágenes robadas de la intimidad de su familia.
"Antes la búsqueda de la exclusiva era más suave. A la prensa le gustaba sobre todo hablar de la felicidad. De ahí una cierta tolerancia de los interesados. Ahora los tiempos son más duros y hacen falta escándalos a cualquier precio", aseguró una vez el soberano.
Pero esos problemas, que llegarían más tarde, apenas se dejaron sentir durante los 26 años de feliz matrimonio de los príncipes de Mónaco, culminados con tres hijos (Alberto, el heredero, nacerá un año después de Carolina, y Estefanía en 1965).
En esa época la única sombra data de 1978, con la boda no deseada por sus padres de la primogénita con Philippe Junot, un francés con fama de "play-boy" del que se divorciará dos años después. Una unión que el Vaticano de Juan Pablo II tardaría once años en anular.
La existencia tranquila de los Grimaldi cambió el 14 de septiembre de 1982, cuando Grace Kelly falleció en un oscuro accidente de tráfico del que se salvó milagrosamente la joven Estefanía.
Rainiero, cuyas silenciosas lágrimas tras el féretro de su esposa durante el entierro confirmaban que había sido una gran historia de amor, no se recuperó nunca de esa pérdida: no volvió a casarse y será a su adorada Grace a la que consagrará el discurso de sus 50 años en el trono, 17 años más tarde.
La trágica muerte de la princesa cambió para siempre la imagen de la familia, cuna a partir de entonces de cotilleos y devaneos, salpicados de escándalos, sin olvidar nuevas desgracias, como la muerte en un accidente en el mar del segundo marido de Carolina, el italiano Stefano Casiraghi, con el que había encontrado la estabilidad y con el que tuvo tres hijos.
Pero la rebelde Estefanía seguiría llenando las portadas de la prensa sensacionalista, desde su intentos de convertirse en modelo y cantante en los años 80 a sus numerosos romances en los noventa.
El culmen de tal asedio mediático se produjo en 1996, cuando se publicaron unas fotografías del entonces marido de la princesa, su ex guardaespaldas Daniel Ducret, desnudo con una bailarina de "striptease".
Estefanía y Rainiero, que habían roto su relación cinco años antes, cuando se conoció, también en la prensa, la relación de la pequeña de los Grimaldi con Ducret, volvieron a encontrarse.
La reconciliación surtió efecto y el anciano soberano encontró en su hija menor a su mejor compañía en sus últimos años y en especial durante su larga agonía, cuando una Estefanía con el rostro marcado por la angustia permaneció a su lado, tal y como, no podía ser menos, contó la prensa.