El arzobispo emérito de San José, monseñor Román Arrieta Villalobos, falleció ayer en su casa de habitación, en San Antonio de Belén. Tenía 80 años.
El prelado sufría un tumor cerebral que se le diagnosticó a finales del año pasado. Murió a las 5:15 p. m. en compañía de sus hermanos y una enfermera.
El 23 de diciembre anterior se le practicó una cirugía en el lado izquierdo de su cerebro, después de sufrir un desmayo.
A principios de febrero tuvo una fuerte recaída, que lo dejó en cama desde entonces.
El presbítero Glenm Gómez, vocero de la Conferencia Episcopal, dijo que el funeral estará a cargo de la Curia Metropolitana, y lo más probable es que se realice mañana.
Hoy, a las 7 a. m., el cuerpo será trasladado a la parroquia de San Antonio de Belén y a las 10 a. m. se oficiará una misa en su memoria.
Al mediodía, se lo llevará a la catedral metropolitana.
Sus familiares agradecieron las muestras de apoyo y las cadenas de oración, al tiempo que pidieron respeto a un momento de intimidad.
"Agradecemos todas sus oraciones, este es un momento muy duro para la familia", comentó Eduardo Arrieta, hermano de monseñor.
Arrieta asumió la arquidiócesis en 1979 y ocupó este puesto hasta el 18 de octubre del 2002. Lo sustituyó monseñor Hugo Barrantes.
Antes, y por casi 18 años, sirvió como obispo de la diócesis de Tilarán, Guanacaste.
La Presidencia de la República lamentó el deceso y decretó dos días de duelo nacional.
Entre los momentos más polémicos de monseñor Román Arrieta se recuerda el cierre que ordenó de Radio María, en junio del 2001, la cual dirigía el sacerdote Mínor Calvo, y las declaraciones que dio a los pocos días cuando dijo que le cuidó las espaldas al cura.
En el otro extremo está la única visita que ha hecho el papa Juan Pablo II al país, en marzo de 1983.
Lamentos y tristeza. Tras su muerte, las reacciones no se hicieron esperar. Uno de los primeros en acercarse a su casa fue el sacerdote amigo Gerardo Badilla.
"La última vez lo vi fue hace 15 días y no era el mismo monseñor" , comentó Badilla, padre párroco de Piedades de Santa Ana, San José.
Monseñor Ángel Sancasimiro, obispo de Ciudad Quesada, también lexpresó sus condolencias en cuanto conoció la noticia.
"Nos causa un profundo dolor, porque es la despedida de un amigo y me embarga un sentimiento de tristeza, porque perdí al maestro que siempre estuvo anuente a dar consejos.
"La Iglesia costarricense ha perdido un gran pastor que nunca escondió la cara cuando se dieron temas espinosos y siempre lo hizo con valentía", dijo Sancasimiro.
Desde Chile, monseñor Dagoberto Campos, diplomático del Vaticano acreditado en ese país, lamentó la muerte de Arrieta.
"Esta noticia me consterna, sobre todo porque él era como un papá. Lo recuerdo en la Academia Diplomática en Roma; en cada viaje que él hacía a Roma siempre tenía el cuidado de llamarme, ir a verme y estar atento a cualquier necesidad que tuviera", declaró -vía telefónica- desde Santiago.
Participaron los periodistas Ángela Ávalos, Carlos Villalobos, Vanessa Loaiza y el corresponsal Carlos Hernández (Ciudad Quesada).