Coseph Heller, cuya novela de humor negro Catch 22 definió la paradoja de la situación sin salida y añadió una frase al léxico del inglés norteamericano, falleció el pasado lunes, víctima de un ataque cardíaco.
El autor de 76 años murió en el suburbio neoyorquino de East Hampton, situado en la isla de Long Island, dijo su esposa Valerie.
Publicada en 1961 con comentarios variados, Catch-22 se convirtió en un favorito del público antes de que fuese reconocido como un clásico de la literatura estadounidense. Solo en Estados Unidos vendió más de 10 millones de ejemplares.
"Esta es una calamidad para las letras norteamericanas", se lamentó su amigo Kurt Vonnegut, otro autor de nota, que había hablado con Heller hace una semana.
Experiencia propia
Heller basó Catch-22 en su experiencia en la Fuerza Aérea durante la Segunda Guerra Mundial. Fue piloto de un bombardero que participó en los combates en Italia y voló 60 misiones. Se retiró como teniente al término de la guerra.
Escribió otras cinco novelas y fue coautor de No Laughing Matter, que narró su odisea a principios de los años 80 con un trastorno nervioso del que se recuperó plenamente.
Todos sus libros fueron comparados inevitablemente con su novela famosa. Para millones de lectores, las aventuras del capitán John Yossarian y el resto de su escuadrón de bombardeo no adquirieron una dimensión heroica sino humana.
Catch-22 fue una historia circular que sugirió una maliciosa mezcla de Twain y Kafka. Fue el equivalente al Dr. Strangelove de Stanley Kubrick en el cine, un documento vívido sobre un sistema absurdo de ribetes tragicómicos.
Iniciada en 1953 y publicada ocho años después, el tono de la novela cuajó perfectamente la desilusión de Vietnam y Watergate. El título solo fue suficiente para sugerir un universo cuya única salida es la locura, lo que, a juicio de uno de sus personajes, sería prueba de que uno mantiene la normalidad.