Bertolt Brecht había incorporado a Besson en 1949 a su elenco del Berliner Ensemble, con el que el director suizo logró su primer gran éxito, con su puesta del Don Juan de Molière en 1954.
A pesar de que muchas veces se refirieron a él como discípulo de Brecht, por ejemplo denominándolo el "pequeño B.B.", nunca aceptó esta definición por su independencia de criterio.
Alguna vez señaló que no era lo suficientemente intelectual como para ser brechtiano. Sus puntos de referencia eran tanto Brecht como Molière. "Generar diversión involucrando el espíritu y el cuerpo", era su consigna para el teatro.
Su legendaria puesta en escena de El dragón, de Levgueni Schwarz, en 1965 en el Deutsches Theater de Berlín Oriental, se convirtió en parte de la historia de la realización teatral.