Lo usual es asociar las muñequitas llenas de agujas o alfileres con el vudú o la magia negra; pero, en este caso, se trata de una muñeca que llevaba en su oreja cuatro agujas... sanadoras.
En estos días se cumplió el año desde que Diana, princesa de Gales, y su acupunturista, decidieron colocar por última vez esas agujas en la oreja izquierda de Diana, para combatir los trastornos, básicamente de origen emocional, que la aquejaban.
A propósito de eso, la prensa ha vuelto a airear la relación de la familia real británica con las medicinas llamadas alternativas. También ha renacido la curiosidad por saber de qué padecía la princesa pocos meses antes de su muerte, que la llevó a buscar diversos tratamientos no convencionales.
Tratamientos reales
Aunque han sido el príncipe Carlos y la princesa Diana quienes han recibido más atención de los medios por su afición a las medicinas alternativas, la verdad es que es una inclinación que incluye a muchos otros Windsors.
La reina Isabel, cuando está en el extranjero, lleva sus frasquitos de homeopatía, además de pomada y loción contra los golpes o heridas; Nux vomica para las indigestiones; Cocculus para los cambios horarios; árnica para la gripe, la fatiga nerviosa y contusiones.
A su vez, la reina madre es miembro activo de la Asociación Británica de Homeopatía, y Carlos recurre a la osteopatía para sus problemas de huesos.
Tanto Diana como Carlos usaban la reflexología, que consiste en limpiar los diez canales verticales de energía del cuerpo, mediante el masaje en distintas áreas de los pies. Quienes lo practican, sostienen que en los pies hay miles de terminaciones nerviosas, que, al ser masajeadas, alivian el dolor y promueven la salud.
El interés de los Windsors en estos tratamientos es de larga data, y se remonta a la esposa de Guillermo IV, la duquesa Adelaida.
Diana y sus gurús
La Dra. Lily Hua Yu, médica generalista y experta en acupuntura, no fue la primera ni la única en ser consultada por Diana. Antes de ella, la princesa fue paciente de otro acupunturista, Oonagh Toffolo. Además, visitaba a Sue Beechey para recibir tratamiento de aromaterapia, y al osteópata Michael Skipworth para un suave masaje. Stephen Twigg le daba masaje sueco y profundo, sobre todo para relajarla antes de sus actividades en las "grandes casas", como llamaba Diana a los castillos de Balmoral, Windsor y Sandringham.
Junto con su cuñada Sarah Ferguson (Fergie), era cliente de Joseph Corvo, especialista en lo que se conoce como terapia zonal. El tratamiento consiste en dar masaje en quince terminaciones específicas de la cara, que se supone que revitalizan once áreas corporales.
También tenía su entrenadora personal, Carolan Brown, que la mantenía en forma, y su astróloga, Penny Thornton, quien trabajaba en su carta astrológica.
Las agujitas
Sin embargo, la parte más débil de Diana, como es bien sabido, era la emocional, y, para combatir el estrés y demás problemas relacionados con éste, recurría a la acupuntura. En mayo de 1997 se le colocaron por última vez las cuatro minúsculas agujitas en la oreja, para ayudarla a mantenerse calmada y mejorar su balance mental, según la Dra. Lily, con quien la unía una relación de amistad.
El tratamiento que recibía en la clínica de acupuntura era para mantenerla activa, y para controlar sus desórdenes alimentarios, así como para evitar la depresión. Este tratamiento de auricupuntura solo se da para ese tipo de problemas, o para gentes que quieren controlar una adicción.
El diagnóstico de la doctora fue que los problemas de salud de la princesa provenían del daño que padeció su aparato digestivo, durante tantos años de bulimia. Las agujas se colocaron en las áreas de la oreja que los especialistas dicen que afectan la actividad mental, el hígado (que los practicantes de la medicina china tradicional consideran regulador de las emociones), la vesícula y el corazón.
Como la princesa se quejaba de que nunca podía descansar una noche completa, y debía tomar pastillas para dormir, la Dra. Lily le prescribió píldoras de Ganoderma lucidum, una hierba rara que se utiliza para combatir el insomnio, las palpitaciones y los mareos.
Lo que sufría Diana era un problema alimentario, en términos de la medicina china ocasionado por una pérdida de la armonía entre el estómago y la vesícula. Esto afecta al corazón y causa insomnio, y se quiso restablecer el balance interior. Cuando eso se logró, según su doctora, no hubo necesidad de que Diana siguiera tomando pastillas para dormir.
Varios meses después de su muerte, la princesa Diana sigue influenciando la conducta de los otros. La atención que se la ha dado a sus tratamientos de acupuntura, la ha puesto de moda, y han nacido varias clínicas que ofrecen a sus pacientes "una medicina apta para princesas".