Por Rocío Ayuso
Los Angeles (EEUU), 12 jun (EFE).- La muerte de Gregory Peck ha dejado a Hollywood sin los epítetos más alejados de esta industria, como la honestidad y la honradez que representaba su figura, tanto dentro como fuera de la gran pantalla.
Murió a los 87 años como había vivido, apaciblemente, y lo hizo en silencio mientras dormía junto a su esposa de hacía 48 años, la francesa Veronique Passani Peck, según informó hoy su portavoz Monroe Friedman a la prensa.
"Ella estaba a su lado, dándole la mano, cuando se fue a dormir. Había envejecido y estaba más frágil, pero no se puede decir que estuviera enfermo. Simplemente siguió el curso de la vida y le llegó la muerte", describió Friedman.
Su muerte ocurre cuando su presencia no puede ser más popular, al ser escogido como el mejor héroe de Hollywood gracias a su papel como el abogado Atticus Finch en "Matar a un ruiseñor".
El filme, basado en la popular novela de Harper Lee, le granjeó el Oscar al mejor actor en 1962, al interpretar al abogado que defiende a un negro acusado de violar a una mujer blanca en un pequeño pueblo de Estados Unidos en plena segregación racial.
Su vida personal había seguido el mismo camino y pese a ser una de las figuras más conocidas de los años dorados de Hollywood, ni siquiera su divorcio de su primera esposa, Greta, fue motivo de escándalo, ya que se alcanzó de manera amistosa.
Además, Peck estuvo al frente de numerosas obras de caridad y movimientos políticos, presidiendo tanto la Sociedad Americana del Cáncer como el Instituto Americano del Cine, además de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográfica de Hollywood.
Su nombre fue incluso mencionado como posible candidato demócrata a la Presidencia estadounidense cuando el entonces actor Ronald Reagan comenzó su carrera política, pero Peck nunca siguió sus pasos.
Sin embargo, Peck rechazó públicamente esta imagen candorosa cuando recogió en 1968 el premio Jean Hersholt de la Academia a la mejor labor humanitaria, al decir que no era un "santurrón".
"Simplemente, tomo parte en las actividades en las que creo", dijo.
Una de las actividades en las que más creía este californiano nacido el 5 de abril del 1916 en La Jolla era el cine, donde comenzó a trabajar joven, alcanzando el éxito desde sus primeros papeles.
Junto a su arte y honestidad, su agraciado físico le permitió destacar desde su debut con "Days of Glory", al que seguiría "Keys of the Kingdom", "Spellbound", "The Yearling", "Duel in the Sun", "Gentelman's Agreement" o "Twelve O'Clock High", con los que ganaría cuatro candidaturas al Oscar en sus primeros cinco años de carrera.
"Gentelman's Agreement" sería una de sus cintas más arriesgadas, así como de sus preferidas, lo mismo que su trabajo en "Captain Horatio Hornblower", "Roman Holiday" o "The Guns of Navarone".
Pero la única que le daría el Oscar fue "Matar a un ruiseñor", trabajo que hizo con "todo el sentimiento" de su vida, sentimientos a favor de la igualdad racial.
Admirado por numerosas generaciones de actores, para Peck su ídolo fue Laurence Olivier, con quien tuvo la oportunidad de fraguar una intensa amistad además de rodar uno de sus pocos papeles como villano interpretando al doctor Mengele en "Boys From Brazil".
Retirado del cine durante la última década, Peck había seguido muy vinculado a la vida cultural de Los Angeles, al frente de uno de los programas de esta ciudad para promocionar la lectura.
De hecho, uno de sus últimos trabajos como actor fue el de la versión para televisión de un gigante de la literatura como "Moby Dick", que le valió un Globo de Oro como mejor actor secundario por el papel del predicador, cuando años antes, en 1956, había hecho del capitán Ahab para la versión dirigida por John Huston.
Otros de sus títulos cinematográficos incluyen "Cape Fear" (más tarde filmada de nuevo por Martin Scorsese y en la que haría un "cameo"), "How the West Was Won" y "The Omen".
Nada interesado por las propuestas artísticas que seguía recibiendo, Peck declaró en sucesivas ocasiones que prefería dedicar su tiempo a sus hijos, Stephen y Jonathan de su primer matrimonio y Anthony y Cecilia de su segundo, así como sus nietos, en lugar de hacer "rellenos" para el cine. EFE
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