Kinshasa. La muerte del presidente congoleño, Laurent Kabila, en un atentado el martes pasado en su residencia oficial en Kinshasa cierra un capítulo más de la guerra civil que azota a la República Democrática del Congo (RDC) desde hace más de dos años.
El conflicto comenzó el 2 de agosto de 1998, cuando los mandos militares tutsis congoleños del este del país, que el año anterior habían ayudado a Kabila a tomar el poder, se levantaron en armas contra este acusándole de ser "un déspota peor que su predecesor", Mobutu Sese Seko, el presidente del antiguo Zaire.
La rebelde Agrupación Congoleña para la Democracia (ACD) estableció su cuartel general en Goma, ciudad del norte de la provincia oriental del Kivu, en la frontera con la vecina Ruanda, cuyas tropas entraron en territorio congoleño en ayuda de los sublevados.
El Gobierno de Kigali justificó su acción en la presencia en el este de la RDC de rebeldes hutus ruandeses, responsables del llamado Genocidio de Ruanda de 1994 en el que murieron cerca de 800.000 tutsis y miembros moderados de su propia etnia, y que atacaban posiciones gubernamentales ruandesas desde sus bases en territorio congoleño.
Poco después, Uganda entró también en el conflicto al enviar unidades en ayuda de los guerrilleros de la ACD que operaban en la región del Alto Congo, en el noreste de la RDC, y tal como Ruanda, justificó la medida diciendo que rebeldes ugandeses utilizaban territorio congolés como base de retaguardia.
Burundi, sumido como Ruanda en una guerra étnica entre la mayoría hutu y los tutsis que dominan el gobierno, fue acusado por Kabila de ayudar a los rebeldes congoleños pero rechazó las aseveraciones hasta principios de este año, cuando admitió que sus tropas persiguen a insurgentes hutus burundeses en el sudeste de la RDC.
Hacia finales de agosto de 1998, la ACD transportó en un puente aéreo establecido por los ruandeses parte de sus efectivos a la región de Matadi, en la región suroccidental del Bajo Congo, estableció su control en el área y cortó el suministro hacia Kinshasa de electricidad producida en la zona.
La marcha de los rebeldes hacia Kinshasa, a 250 kilómetros al noreste de Matadi, fue frenada por tropas, aviones y tanques enviados por Zimbabue, que detuvieron las avanzadillas cuando se encontraban prácticamente a las puertas de la capital congoleña.
Al mismo tiempo, el ejército de Angola cruzó la frontera desde el sur y atacó a los rebeldes por la retaguardia, matando a cientos de ellos y obligando al resto a retirarse, nuevamente por vía aérea, hacia Goma.
Los efectivos angoleños y zimbabuenses, a los que se unieron más tarde los enviados por Namibia, sostienen desde entonces en el poder al régimen de Kinshasa.
La ACD se reagrupó y comenzó la segunda fase de la guerra con ofensivas en dirección de Lubumbashi, segunda ciudad en importancia del país, en la provincia sudoriental de Katanga y de Mbuji-Mayi, centro diamantífero en Kasai-Oriental, en la región central, y que provee al Gobierno con su principal fuente de ingresos.
En septiembre de 1998 un segundo grupo rebelde, el Movimiento de Liberación del Congo (MLC), liderado por Jean Pierre Bemba, un acaudalado e influyente hombre de negocios de Kinshasa, hizo su aparición en la norteña provincia de Ecuador y sus primeras acciones fueron contra tropas del Chad, que durante algunos meses también acudió en ayuda de Kabila.
Considerado como partidario del régimen del fallecido Mobutu Sese Seko -a quien Kabila derrocó en mayo de 1997-, Bemba, cuyo padre paradójicamente apoya a este último, es también ayudado por tropas ugandesas.
A instancias de Uganda, Bemba se colocó en diciembre pasado a la cabeza de un nuevo movimiento, el Frente de Liberación del Congo (FLC) que se formó con las fuerzas del antiguo MLC y una facción escindida de la ACD, que controla todo el norte y nordeste congolés.
Todas las facciones en pugna firmaron entre julio y agosto de 1999 un acuerdo de armisticio en Lusaka (Zambia) pero violaron la tregua desde el mismo día en que debía entrar en vigor, lo que ha impedido el despliegue de una fuerza de interposición de la ONU y la pacificación del país.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.