Santa Fe, Argentina. Un antiguo conflicto regional, entre presos provenientes de las dos principales ciudades de esta provincia, derivó hoy en un sangriento enfrentamiento, con 13 muertos y seis heridos en la vecina cárcel de Coronda, confirmó el jefe del servicio penitenciario de Santa Fe, Fernando Rosúa.
En el peor episodio de sangre en los anales penitenciarios de esta provincia, se informó que dos de los muertos fueron quemados vivos en sus celdas y que los restantes perecieron degollados, por armas blancas que fabrican los propios convictos.
El enfrentamiento, de larga data, se produjo entre los presos oriundos de esta ciudad capital de la provincia de Santa Fe, y quienes provienen de Rosario, a 200 kilómetros al sur, un pujante centro urbano, que es también la segunda ciudad en importancia de la Argentina, después de Buenos Aires, la capital federal.
El choque no obedeció solamente a rivalidades comerciales. Según fuentes penitenciarias, lo que dirimían ambos bandos era el control interno del penal, que brinda a quienes lo ejercen ventajas y beneficios codiciados por los convictos.
El enfrentamiento se inició la semana pasada cuando un detenido de la ciudad de Santa Fe, identificado como Eduardo Verón, fue alojado, por motivos que se ignoran, en el pabellón donde se encuentran los convictos de Rosario. Verón apareció muerto el domingo en uno de los baños de la cárcel.
La venganza de los santafesinos no se hizo esperar y se concretó en la tarde del lunes, cuando sus integrantes se apoderaron de dos guardias, los redujeron y desarmaron, y con sus llaves abrieron las puertas que conducían al sector rival de la cárcel.
El ataque por sorpresa tomó desprevenidos a los rosarinos, 11 de los cuales murieron acuchillados con filosas chuzas, como se denominan los cuchillos que fabrican los presos con elementos metálicos. Otros dos fueron quemados vivos en sus celdas.
Rosúa dijo el martes a la prensa que el hecho de que tuvieran dos guardias como rehenes nos impidió actuar y reprimir la revuelta.
Luego de negociaciones, las autoridades recuperaron el control de la cárcel en la madrugada del martes. Seis de los convictos resultaron con graves heridas y fueron conducidos a diversos hospitales.
El jefe penitenciario dijo que los dos guardias rehenes fueron liberados sin que hubiesen sido maltratados. Fue una revuelta extraña, ya que la toma de rehenes sirvió para ajustar cuentas y venganzas entre los detenidos, añadió.
Rosúa dijo que fue el peor episodio de violencia en la historia de la cárcel de Coronda, inaugurada en 1935 y actualmente superpoblada. Aloja a 1.500 convictos, cuando su capacidad es para 1.000 detenidos.
Rosúa definió a la población carcelaria como muy joven, con una edad promedio de 23 años, muy violenta y carente de cualquier tipo de valores.
Desde el martes temprano, numerosos familiares de los convictos se congregaron ante la cárcel, reclamando a gritos noticias sobre sus parientes.
El servicio penitenciario, con ayuda de la policía provincial, implementó medidas de seguridad, ante el temor de que los presos de Rosario intenten una venganza en las próximas horas.