El escritor norteamericano William Burroughs, que falleció el pasado sábado a los 83 años de edad en un hospital de Kansas City, fue el novelista más inventivo de la Beat Generation norteamericana, del que era una de sus principales figuras, desde la muerte en abril pasado, de su amigo Allen Ginsberg.
Célebre por su novela El festín desnudo (1959), William Burroughs participó en el surgimiento de un nuevo tipo de cultura estadounidense de posguerra, junto a otros célebres escritores: Jack Kerouac, Lawrence Ferlinghetti y Gregory Corso.
Desde la Máquina blanda (1961) a los Jóvenes salvajes (1973), pasando por Junkie (1953; novela-verdad sobre el mundo de la toxicomanía), el aventurero Burroughs desarrolló un universo deliberadamente grotesco, fantasmagórico y de burla.
Sin ocultar jamás su homosexualidad ni su gusto por los alucinógenos, William Seward Burroughs, influido por Céline, los surrealistas franceses y la ciencia-ficción, fue el escritor del lenguaje duro, tupido y lleno de jerigonza.
Ex barman, detective privado, aficionado a las armas de fuego, Burroughs influyó sobre el mundo del rock a partir de los años 70 (de Bowie a Cobain), al igual que sobre un cierto tipo de cine y pintura.
Burroughs, como buen beatnick, rechazó y criticó a la sociedad de consumo norteamericana, inventando a la vez una escritura, un vocabulario y una manera de vivir, donde todos los extremos estaban permitidos.