Risas, asombro, enojo, reflexión… llanto. Las reacciones del público costarricense frente a la película Fahrenheit 9/11 , del cineasta estadounidense Michael Moore, fueron muy variadas en las primeras presentaciones en las salas locales.
Desde el día del preestreno, el sábado 14 de agosto, en el cine Colonial, hasta la premiere oficial, el pasado viernes, las salas de este y dos cines más han recibido ya una buena cantidad de personas que buscan constatar por cuenta propia el por qué esta producción ha desatado tantos comentarios alrededor del mundo.
En las filas del American Outlet Mall, en San Pedro, se
observaba de todo. Personas mayores, extranjeros, jóvenes universitarios…
Muchos, como Manuel González, estudiante de microbiología de la Universidad de Costa Rica, mostraban un conocimiento previo de los trabajos escritos y documentales de Moore, y mostraron su decidido apoyo a la temática del filme, aun antes de verlo.
Otros estaban a la expectativa, como Longina León, vecina de San Pedro de Montes de Oca y estudiante de diseño publicitario de la Universidad Véritas, quien acudió atraída por otras obras de Moore como Masacre en Columbine y Roger and Me .
“Quiero ver su propuesta y lo que tiene que decir sobre la política de George W. Bush”, comentó mientras esperaba el ingreso a la tanda de las 4 p. m..
Cámaras ¡y acción!
Ya dentro del cine, el público seguía con atención la andanada de imágenes hilvanadas por Moore con la intención de mostrar el lado más oscuro del presidente del país más poderoso del planeta, el lucro de la guerra, y el miedo como instrumento de manipulación de las clases dominantes.
Algunas escenas en particular sorprenden al público, como la del mandatario Bush mientras permanece sentado en el aula de una escuela del Estado de Florida, durante siete minutos, con un libro infantil en sus manos, luego de recibir la noticia de que su país estaba siendo atacado el fatídico 11 de setiembre del 2001.
Risas y lágrimas brotan por igual, según transcurre el filme y en concordancia con el mensaje transmitido.
Las imágenes de niños y civiles iraquíes destrozados por los ataques de la coalición y los gritos de una mujer que clama al cielo por justicia sobrecogen al espectador, y desarmaron emocionalmente a Isabel Gamboa, de Sabanilla de Montes de Oca, quien no pudo contener lágrimas y sollozos.
Más tarde, la aparición del nombre de Costa Rica en la pantalla, como uno de los países que dio su apoyo a la coalición que invadió Iraq, despertó en la audiencia susurros de desaprobación y una que otra carcajada.
“Yo no me siento más seguro con la guerra en Iraq”, dijo Bill Lindquist, turista de San Diego, California, quien aprovechó su estancia aquí para ver el filme.
“Soy de gringolandia”, se presentó su compatriota, Sonya Kozicki-Jones, profesora de inglés de la Universidad de Costa Rica, nacida en Filadelfia, Pennsylvania, y radicada en Costa Rica desde hace 13 años.
Ella conoce al dedillo las obras de Moore y sobre Fahrenheit 9/11 solo tuvo palabras de elogio: “Me parece honesto, respetuoso, excelente filme, no exageró nada... tiene su sutileza y es respetuoso de Costa Rica”.
Pero, aunque parecían los menos, también hubo quienes discreparon radicalmente del fondo y de la forma del documental.
“Me parece que es manipulador y tendencioso como pega las imágenes. Sí creo que la invasión de Iraq no tiene una justificación, pero él (Michael Moore) tiene una visión subjetiva, así fue el documental anterior” ( Masacre en Columbine ), comentó también la periodista Carolina Murillo.
La comunicadora piensa que el documental utiliza el dolor de la gente para cumplir con sus propósitos, algo que considera muy injusto. “Es un dolor que él (Moore) no siente en realidad”, añadió.
Con los créditos del filme vinieron también los aplausos y los comentarios continuaron a la salida, mientras la fila para la siguiente tanda se agrandaba.
Como era de esperar, también en nuestro país el documental genera discusión y polémica.
No se trata de una película de ficción y, a diferencia del resto de la oferta en cartelera, en Fahrenheit 9/11 los efectos especiales son de verdad.
A favor o en contra de ella, la mecha de la discordia ya está encendida, y el cineasta Michael Moore tiene el fósforo humeante en sus manos.