
El sábado fue una noche de lentes oscuros y hombres con ojos pintados en Palmares. Una velada de botas verde–duende, de caleidoscopios y de romanticismo electrónico: una noche de lujo y de puro electro pop .
Más de 3.600 personas (o incluso las 5.000 que cabían en el sitio) se rindieron el sábado ante la seducción de Moenia, en Palmares.
En su primer concierto del año, el grupo logró posicionarse en boca de todos quienes lo ovacionaron, en las manos de que le hicieron palmas y ante todo, en el corazón de los románticos más discretos.
Este fue un concierto donde no hubo quien se resistiera a los sortilegios del vocalista Alfonso Pichardo, y de los teclados de Jorge Soto y Alejandro Midi Ortega.
El público cantó extasiado y rebotó al ritmo de las cadencias digitales y de las excéntricas acrobacias de Moenia con sus lentes oscuros … pero de colores.
“Este es nuestro primer concierto del año. Dicen que lo que uno hace en los primeros días condiciona al resto del año y esperamos que así sea.(…) Somos Moenia: música electrónica en español”,comenzó hablando Pichardo.
Por fin. La espera de casi dos horas en La Barra de Imperial valió la pena. A pesar de que el concierto se anunció para las 9 p. m fue cerca de las 10:35 p. m. cuando sin más presentación que su propia presencia el vocalista salió a escena con sus botas negras de cuatro hebillas y comenzó su faena de seducción con el micrófono. La ovación fue in crescendo.
Junto a él Soto y Ortega lucieron sus dedos y jugaron con los aparatos que los rodeaban. Un par de laptops blancas –de esas con manzanita y todo– fueron sus confidentes de escena. El baterista y la vocalista fueron también de altura, el primero con sus descargas de talento y la segunda, con una voz cuya textura aportaba cuerpo y magia y hacía que Pichardo se luciera aún más.
Entre pantallas con caleidoscopios y videoclips el concierto fue avanzando y los músicos fueron desprendiéndose de sus gafas y chaquetas.
El cambio en el color de las luces anunciaba cada vez la promesa de una nueva canción. Verde, amarillo, rojo y fucsia: había para todos los gustos sobre y bajo el escenario. ¡Que nadie se queje!
El repertorio fue un compendio de todos sus discos como Moenia, Adicción, +Adicción, Stereohits y Disco Perdido , entre otros. Con particular resonancia el público cantó “No sería a ti, no sería a ti. Esta vez ya no sería a ti. (…) Esta vez ya no sería a ti (…) No supiste dar lo que yo te di (…)No supiste ver lo que hay en mi”, de su obra Manto Estelar.
Los mexicanos presentaron también algunas obras de su nuevo disco Solar , entre ellas Lo que tu digas y Sufre conmigo.
Miles de frases románticas reverberaban e iban adquiriendo vida propia. “Aunque por dentro está nevando me aguanto si llorar”, “No sé lo que pasó , pero tu olor cambió (…) Te voy a esperar hasta que se evapore todo el agua” o “Mil campanas suenan en mi corazón que difícil es pedir perdón. (…) Ni tú ni nadie puede cambiarme”.
El encanto musical caló en todos y más de uno necesitó un soplido de aire al oído o algún otro acercamiento para rescatar a sus compañías de la hipnosis electrónica.
Moenia se empezó a despedir a las 11:45 p.m. “Otra, otra, otra...”