
La Nación, Argentina
Si todo fuera tan solo una divina mentira, Ale Sergi se convertiría en algo así como el David Bowie de 1972, ese que jugaba a ser alienígena, que juraba haber llegado desde otro mundo y que un buen día decidió abandonar la Tierra, incomprendido, tentado por los vicios del rock , renegando de sus propios fanáticos hecho polvo de estrellas.
Pero no, nada de eso. Miranda no es mentira, como denunciaban en el título de su primer álbum. Y sus integrantes tampoco son extraterrestres, aunque lo parezcan.
Miranda no viene de otro planeta, viene de lo de Mirtha Legrand, y también de lo de Guinzburg y Susana, celebridades de la televisión argentina que, en la última semana, los invitaron a comer, a cantar y también a bailar.
Miranda no es mentira, es verdad y lo que no tiene es remedio.
Conciertos. El fin de semana, el fenómeno que rodea al grupo pop del momento, aquí y en el resto del continente (la pantalla de las cadenas de videos estalla cuando es el turno de uno de sus clips , y no hace un mes que tocaron en México junto a Robbie Williams para 100.000 personas), tuvo su coronación más lógica: dos conciertos colmados de niños de entre 3 y 17 años en el Luna Park, en Buenos Aires.
Un final feliz a lo Floricienta (aunque un escalón por debajo de la serie televisiva protagonizada por Florencia Bertotti, que este año llegó a cuatro funciones en el Luna).
De cierto origen roquero y fugaz paso por las filas de la "intelligentzia" del pop electrónico porteño, Miranda ahora surca los mares de la popularidad mediatizada y sin freno. Los mismos mares donde las olas cubren todo de niños con remera y logo, foto autografiada y pulseritas de colores chispeantes.
Con un mini-público tan lejos y tan cerca de la beatlemanía que asusta, Miranda regaló todos sus hits , y sus integrantes (Sergi, Juliana Gattas, Bruno de Vicenti, Lolo Fuentes y Nicolás Monoto Grimaldi) cambiaron de vestuario, subieron y bajaron las escalinatas blancas de la pomposa escenografía, recibieron invitados (Hilda Lizarazu y Emmanuel Horvilleur) y hasta se atrevieron a una versión de Lunes por la madrugada que, de ser posible, hubiera levantado de la tumba a Miguel Abuelo con su espíritu compadrito tan solo para poder golpearlos (por suerte, el mismo fin de semana, en una noche magistral, Andrés Calamaro volvió como el mejor heredero del reino de Los Abuelos de la Nada).
Todo esto ya es mucho decir; el resto queda para sociólogos y estudiosos del comportamiento humano en la vida moderna o para filósofos de TV educados en los fenómenos culturales.