Con un cortauñas, una hoja para cortar metal, una piedra para pulir, muchas conchas y otro tanto de paciencia e imaginación, Renato Quesada ha elaborado miniaturas de distintos vehículos.
En el interior de un salveque envueltos en algodón y guardados en cajas lleva el concorde, una locomotora, el tren veloz francés TGV, motocicletas, la carreta típica costarricense y una colección histórica del automovilismo de fórmula uno.
Sus artesanías son impresionantes y fuera de lo común. Ya son 20 años que lleva expresándose de esta forma.
Amante de las conchas desde pequeño, su afición por los rincones más remotos de nuestra tierra lo llevó a estudiar turismo.
Pero sus ratos libres los dedica a su inusual talento. En él une la pasión que siente por los autos de carrera y su colección de conchas.
Las corta, las pega, las pinta y después de varias horas de trabajo incluso días tiene entre sus manos un nuevo modelo.
A principios de marzo, Renato viajó con sus trabajos en conchas a la meca de las conchas: la isla Sanibel, Estados Unidos.
Allí participó en la feria anual de coleccionistas y artistas de conchas marinas, el evento más importante en esta materia. Su colección fue merecedora de dos galardones.
El viaje fue una verdadera aventura. Los boletos se los otorgó el Instituto Costarricense de Turismo. Durmió en una tienda de acampar. Pero valió la pena: "dejé a Costa Rica en alto", dice.
Padre de tres, también ha escrito un libro: Elementos del Turismo , editado por la UNED. Entre sus proyectos, Renato desea iniciar un programa en comunidades costeras para que desarrollen artesanías a partir de conchas.