“Llegamos tarde ”
“Empezaban los años 80 cuando entré al colegio, donde conocí a mi amor platónico y yo solo tenía ojos para él. Pasábamos mucho tiempo juntos, disfrutando de una gran amistad. Tiempo después, lo invité a mi boda y ese día me dijo: ‘¿Recordás aquel día en que me contaste que tenías novio?’ Le contesté que sí, y entonces me contó que ese día había ido a mi casa a pedirme que fuera su novia. Muy sorprendida, sonreí nerviosa ante tal revelación y le contesté que llegamos tarde los dos. Después me divorcié y un día sonó el teléfono; era él, que se había enterado de mi divorcio. Hablamos, le pregunté cómo estaba y que le había deparado la vida. Tenía poco tiempo de casado y un bebé de un mes. Yo, a modo de broma, le dije: ‘Llegamos tarde los dos otra vez’. Y me contestó: ‘Siempre recuerdo esa frase’ ”.
Karla Vargas Fonseca, San José
“¡De la que me salvé!”
“Estaba yo en octavo o noveno año, y aún recuerdo lo que sentía cuando me volvía ver aquel compañero de ojos verdes que se sentaba frente a mí en clases. Creo que me enamoré, aunque nunca fui correspondida. Por él, dejé de morderme las uñas de las manos y accedí a contarle completa una novela que no se leyó y entraba en el examen de Español... todo para que se hiciera novio de otra compañera. Ese día, monté en furia y, al día siguiente, llegué decidida a no darme por menos. Por eso, ‘monté’ mi propio noviazgo imaginario con un vecino. Me encargué de que toda el aula lo supiera, y sobre todo él. Los años no le han caído muy bien que digamos. Cuando lo he visto en reuniones de excompañeros, me digo: ‘¡Huyyy, de la que me salvé!’ ”.
Victoria Meza