
En la olla limonense se cocina un guiso en el que las palabras traen aromas y ritmos de ancestros lejanos. Una de las influencias más persistentes es la africana, a la que nos referiremos hoy. Del “continente negro” vinieron plantas comestibles cuyos nombres suenan desde entonces en nuestra provincia atlántica con esa especial cadencia caribeña que al mismo tiempo abre el apetito, causa curiosidad y parece convocar a un convivio antiguo, lleno de secretos.
Los limonenses llaman así a una planta de hojas verdes, la
Para aumentar la confusión, en algunos países caribeños han bautizado
Esa influencia ha llegado hasta nuestras costas, lo que se pone de manifiesto en la receta limonense de la sopa de calalú con camarón, en cuya lista de ingredientes se enumera el pak-choi. Condimentada con salsa de soya, es una muestra excelente del mosaico culinario que es la cocina limonense.
Tradicionalmente, nuestro calalú se ha preparado con bacalao, en forma similar a como se hace en las costas de Dahomey y en Saint Tomé, donde se la llama de la misma manera y se cocina a fuego lento con trozos de pescado seco o ahumado, con aceite de coco, okra, pimienta y hierbas, hasta formar una salsa espesa.
Asimismo, existe similitud con el calalú haitiano, llamado también
En Cuba, al calalú se lo considera la comida favorita de Changó (divinidad yoruba, dios del rayo y de los truenos, del amor, de la virilidad y de la música).
En Limón ha sido tan apreciado el guiso de calalú, que figura en la letra de un popular calipso: “Calaloo, everybody love; calaloo, blessing from above” (Calalú, todos lo aman; calalú, bendición de los cielos).
También lo encontramos en las páginas de
En la tribu Kalande, de los Gonjas de África occidental, los ñames se mezclan con aceite de palma y se dan a los ancestros ya que se considera que esa mezcla es tanto alimento de los dioses como de los humanos. En muchos poblados se observan todavía votos de castidad durante la siembra y la cosecha.
Junto a ese carácter sagrado, los ñames han estado también asociados al prestigio y al
Los jamaiquinos y los miskitos parecen haber traído a nuestras tierras varios tipos de ñames, vitales en las plantaciones antillanas.
La especie más comúnmente cultivada en nuestra zona atlántica es el ñame blanco, que se distingue por las alas estrechas en sus tallos y ramas.
El ñampí, también llamado
Una de las principales festividades de la población negra antillana era el “festival de los ñames”, cuya huella perduró durante un tiempo en Limón bajo el nombre de
Las celebraciones tenían lugar en el local de la UNIA (Universal Negro Improvement Association), que dirigía Marcus Garvey y estableció activas filiales en la zona. Los vecinos llevaban sus mejores productos: no solo los ñames de mayor tamaño, sino también plátanos, bananos, cocos, caña de azúcar, yuca y el mejor cacao.
El fufu, cuyo nombre proviene del idioma ashanti, son bolitas de puré de ñame. En Limón se hacen azucaradas, de colores y cubiertas de maní molido. Ahora se las llama
El árbol es bello y da una fruta de color escarlata y brillantes semillas negras, de sabor delicado.
Mezclado con bacalao, el aki ha pasado con el tiempo a ser tan apetecido en Jamaica, que lo consideran su plato nacional. Era natural que los inmigrantes jamaquinos lo trajeran a nuestras costas.
En Limón se cocina de varias formas, de acuerdo a la tradición de las distintas familias, pero es usual que tenga aceite de coco, cebolla y salsa de tomate. Allí es tan popular, que también aparece en la letra de los calipsos. En el libro