Fernando Díez Losada
La palabrita de marras tiene sus bemoles. Resulta que el DRAE no la registra hasta el momento (confío en que aparezca en la próxima edición, que verá la luz el milenio entrante cuando menos se piense). ¿Por qué no está en el léxico oficial? Buena pregunta. Posiblemente porque es inusual en el español peninsular -que siempre ha llevado la batuta a la hora de decidir lo que debe ir y lo que no debe ir en el DRAE-; además -como escribí en una Tribuna hace varios años-, "el léxico castellano ha sido especialmente alérgico a los sustantivos abstractos derivados de nombres y verbos. Todavía estamos esperando, por ejemplo, la oficialización de privacía o privacidad (de privado), la de portación (de portar) y muchas otras."
El uso, aun en niveles cultos, del vocablo en cuestión -escrito preferentemente membresía- es incuestionable, al menos en un buen número de países hispanohablantes. [En Internet, por ejemplo, se detecta más de 4.000 veces la forma membresía en documentos y notas de Argentina, Méjico, Colombia, Panamá y Costa Rica, mientras que membrecía aparece en más de 400 ocasiones en textos de Colombia, Chile, Argentina y Venezuela.] Lo curioso del caso es que ningún diccionario (incluidos los de hispanoamericanismos y los de voces de uso actual), al menos entre los que he consultado -y créanme que han sido bastantes-, registra membresía ni membrecía. Entonces, ¿por qué preferir una u otra opción? ¿Acaso uno debe elegir la modalidad ortográfica de las palabras como quien escoge un par de zapatos o una corbata?
Desde hace bastantes años, he venido defendiendo la grafía membrecía (con c), apoyado no sólo en mi oscuro instinto de ceceante español, sino en una serie de consideraciones lingüísticas. Por ejemplo, los sustantivos derivados terminados en -sía mantienen esa s por provenir de nombres que ya la llevan: burguesía (de burgués), cortesía (de cortés), feligresía (de feligrés), alevosía (de alevoso)&...; Obviamente, este no es el caso del vocablo membresía, derivado de miembro, que carece de s. Membrecía posee, en cambio, una formación analógica a clerecía y primacía. [Una situación parecida es la de los diminutivos. Terminan en -sito, -sita únicamente los derivados de nombres que ya llevan s; los que no tienen esa s hacen el diminutivo en -cito, -cita. Así, condesita (de condesa), pero condecito (de conde).]
Y ahí va un argumento de autoridad. Recientemente el filólogo Alberto Gómez Font, coordinador de la obra Manual de español urgente, libro de estilo editado por la agencia de noticias Efe -con el asesoramiento de ilustres académicos de la Española- me comunicaba, por medio del correo electrónico, que próximamente incorporarían a su obra el vocablo membrecía, así, con c.
Me hubiera sorprendido lo contrario.