Aquí no hay minas de faldas con tajo alto, ni enjutos malevos de sombrero calado. Jóvenes de leotardos de licra y zapatillas de ballet asisten dos veces por semana a un entrenamiento de una hora donde aprenden tango milonguero, de salón y hasta de fantasía. “Es un tango nuestro (...) estamos tratando que se acerque al tango argentino, al original, pero más bien es un tango cubano”, dijo Balmaseda, quien dirige en La Habana el grupo Neotango, mientras su alumnos se movían al ritmo de La Cumparsita.
La versión cubana del tango tiene influencias del flamenco, el ballet clásico e incorpora incluso elementos de la danza contemporánea. Aunque el tango llegó a Cuba en la década de 1930 con las películas de Carlos Gardel, el género corrió mejor suerte entre cantores que bailadores.
Especialistas de danza achacan la poca popularidad del tango bailado en Cuba a la complejidad de sus pasos. Los jóvenes, en cambio, dicen sentirse atraídos por su sensualidad y elegancia, además de por ser un ritmo extranjero.
“Me gusta el tango, porque es un baile elegante y de otro país”, dijo Yaima Campos, una licenciada en química de 24 años.