México. Tres médicos, uno de ellos colombiano, firmaron su sentencia de muerte en el rostro y abdomen de Amado Carrillo, un capo narcotraficante fallecido en julio en México, tras someterse a una múltiple cirugía plástica.
Esa era ayer la conclusión a que llegaron el abogado de uno de los cirujanos y un sociólogo especializado en investigaciones sobre narcotráfico, a propósito de un macabro triple homicidio que investiga la policía mexicana.
Forenses del suroccidental estado de Guerrero identificaron el miércoles a uno de tres cadáveres encontrados el lunes, en una autopista, embutidos en barriles metálicos repletos de cemento.
El procurador de ese estado, Antonio Hernández, afirmó que uno de los cuerpos, con señales de torturas, quemaduras, con un balazo en la nuca, amordazado, los ojos vendados y con desprendimiento de uñas en las esposadas manos, era Jaime Godoy Snight, un otorrinolaringólogo con especialidad en cirugía plástica.
Horas más tarde, el abogado Rubén Tamayo, representante del médico asesinado, admitió que Godoy Snight había participado el 4 de julio en las cirugías de reparación estética a que se sometió el entonces buscado jefe del cartel de Juárez, Amado Carrillo.
El narcotraficante, conocido como El Señor de los Cielos, murió en una lujosa clínica mientras se recuperaba de la cirugía.
Una aparentemente inocua inyección del sedante Dormicum le provocó un ataque cardiaco, pero nunca se supo quién se la aplicó.
El abogado Tamayo dijo que su cliente desapareció, presuntamente secuestrado por desconocidos que se identificaron como agentes judiciales, el 17 de octubre, junto a los otros dos cirujanos plásticos.
Tamayo los identificó como Carlos Avila Melgem y el colombiano Ricardo Reyes, ambos excolegas universitarios de Godoy.
Filtradas las primeras luces sobre la macabra suerte de los médicos, el sociólogo Luis Astorga dijo el jueves a Reuters que los tres cirujanos pudieron "haber firmado" su sentencia de muerte en las suturas de la plástica que practicaron al jefe del cartel de Juárez.
“No tenían alternativa. Si hubiesen tenido éxito (en la operación), morirían porque sabían demasiado. Si fracasaban, también morirían, precisamente por fracasar”, agregó.