El artista Max Jiménez Huete nunca encajó completamente en su época. Siempre fue un visionario, vanguardista y hombre de mundo, al cual poco a poco se le han reconocido sus logros.
Nació en 1900, un 16 de abril, y en 47 años de vivir intensamente acumuló lo suficiente para heredarle a los costarricenses una impresionante obra artística: pintura, escultura, grabado, dibujo, narrativa y poesía.
En los albores de la conmemoración del 100 aniversario de su nacimiento y poco después de los 50 años de su muerte, la Universidad de Costa Rica y el Ministerio de Cultura se han unido para realizarle un gran homenaje a Jiménez que abarque las diferentes disciplinas en las que destacó.
Con el fin de evidenciar la variedad de sus trabajos y profundizar en sus expresiones, se han organizado varias actividades: una exposición plástica, una edición de obra literaria, un análisis crítico de su producción, algunos ensayos, conferencias y la preparación de dos audiovisuales.
Estos proyectos serán llevados a cabo por el Museo de Arte Costarricense (MAC) y el Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas (CIICLA).
Según aseguró María Lourdes Cortés, una de las coordinadoras, la inauguración de una gran retrospectiva plástica el 10 de setiembre en el MAC desencadenará el resto de homenajes.
"Max Jiménez es un artista que atraviesa el siglo con su trabajo. Por ello, queremos empezar el año 2.000 hablando de su obra y herencia. Es un esfuerzo por recuperar su figura", expresó Cortés.
Para la realización de estos homenajes se ha contado con la colaboración de las tres familias herederas del artista: Jiménez Beeche, Jiménez Odio y Jiménez Yglesias y las instituciones antes mencionadas.
El gran artista plástico
En 1919, Jiménez fue enviado por su madre Anita Huete de Jiménez a estudiar en Londres. Allí, el joven llevó clases de negocios; sin embargo, dos años después de llegar, fue seducido por el arte y se dedicó al dibujo.
Con gran sensibilidad, el costarricense llegó a dominar e incursionar en diversas disciplinas plásticas: dibujo, grabado, escultura y pintura, y se destacó, sobre todo, en las dos últimas.
En setiembre, el MAC presentará una gran retrospectiva de su obra que llenará sus salones principales. Allí se exhibirán 46 pinturas, 10 esculturas y 30 dibujos; además, se mostrarán fotografías, cartas, libros y grabados de Jiménez. Esa muestra se exhibirá hasta enero del 2000.
La muestra es producto de una profunda investigación del curador José Miguel Rojas. Además, se editará un catálogo razonado, labor de María Enriqueta Guardia y Floria Barrionuevo.
Según Rojas, Jiménez es un puente que puso a Costa Rica a la vanguardia, al lado de la contemporaneidad de entonces.
La estética de lo grotesco (afán de deformar a las figuras), el gigantismo y un predominio de las mujeres son algunos de los elementos que destacan en su faceta plástica, detalló el curador.
No obstante, Jiménez es producto de muchas influencias estéticas, de las cuales se nutría en sus múltiples viajes.
María Lourdes Cortés recordó que el tico fue un hombre cosmopolita que vivió en Londres, La Habana, Nueva York, París y Chile, entre otros lugares, en donde se codeaba con los artistas de la época.
La influencia de Picasso (en su periodo clásico) y de Amadeo Modigliani se evidencia en los trabajos del costarricense, dijo Rojas.
A Jiménez se le ubica en lo que se ha llamado vanguardias heroicas, una generación de creadores entre guerras.
El renovador literario
La Editorial de la Universidad de Costa Rica, gracias al apoyo del rector Gabriel Macaya, publicará la obra literaria completa de Jiménez en el último cuatrimestre de este año.
Con esa edición se pretende, según Cortés, propiciar que la narrativa del artista vuelva a circular. Además de El Jaúl, que es lectura obligatoria en secundaria, es poco lo que se lee de Jiménez.
Se realizará un estudio crítico de su trabajo llamado Max Jiménez: Aproximaciones críticas, que contará con ensayos escritos por destacados intelectuales como Bernal Herrera, Carlos Francisco Monge, álvaro Quesada y Mercedes González.
Asimismo, se publicará Max Jiménez en el Repertorio Americano, de álvaro Quesada. Ese autor ya cuenta con un ensayo sobre Jiménez en el libro Uno y los otros. Identidad y literatura en Costa Rica (1890-1940).
Cortés agregó que se tienen en proyecto dos producciones audiovisuales: una es un docudrama producido por Carlos Freer, el cual mostrará la vida y obra de Jiménez, para proyectarlo en la televisión y colegios; y la otra es un cortometraje realizado por Rafael Chinchilla sobre su arte.
Además, con la presentación de cada proyecto se realizarán conferencias con especialistas y actividades especiales en San Isidro de Coronado, uno de los lugares preferidos de Jiménez.
De vanguardia
Aunque en la Costa Rica de la primera mitad del siglo fue polémico por su concepción diferente del arte, Jiménez es uno de los artistas más importantes del siglo.
Complejo, rebelde, visionario, adelantado a su tiempo, bohemio y renovador son algunos de los calificativos que ha recibido; uno solo no alcanza a definirlo, todos juntos, tal vez.
Para el escritor y filólogo álvaro Quesada, su narrativa es, definitivamente, vanguardista; en ella, recurre a elementos expresionistas. Su poesía, aunque algunos no la aprecian mucho, es también renovadora.
"Jiménez nunca fue un vanguardista ortodoxo. Trató de alejarse del realismo y el costumbrismo imperante en la época. él experimentó la vanguardia de primera mano, no copió sino que tomó el instrumental nuevo y lo utilizó para su propio trabajo", explicó el filósofo Bernal Herrera.
Artistas importantes de la talla de Alfonso Chase, Carmen Naranjo, Julieta Pinto y Yolanda Oreamuno fueron influidos por lo grotesco de sus palabras.
El artista desmitifica en El Jaúl al "labriego sencillo", de él no queda nada. Trata temas tabú para la época como el aborto, la homosexualidad y la violencia doméstica.
En plástica, Francisco Amighetti, Juan Manuel Sánchez y Margarita Berteau crecieron viendo sus trabajos.
Así, con todo este gran acontecimiento artístico se pretende reconocer la gran obra de Jiménez y no dejar que el tiempo pase sin honrar a quien lo merece.