EL TERROR ES RESBALADIZO, sobre todo cuando se ubica en el terreno de lo posible, porque lo que horroriza a unos, puede gustar a otros. Este lenguaje -tan elemental- es clave en las intenciones del realizador Wes Craven al hacer una secuela de su anterior película La máscara de la muerte.
Ahora llega con el contundente número 2, y significa que un tema cualquiera puede alargarse como el hule cuando hay mercado para ello; aunque, en este caso, es válido aceptar que (dentro de sus limitaciones) se trata de una secuela mejor que el original.
Así, la publicidad (desde los afiches) la anuncia como La máscara de la muerte 2, como lo hace el título en inglés: Scream 2. Sin embargo, en pantalla leemos el subtítulo Grita y vuelve a gritar.
Esta secuela retoma la idea de la cinta primera: la presencia del asesino serial en circunstancias propias del cine de terror. En el primer filme todo se reducía a sujetos que copian la vida de las cintas del género del horror. Ahora, en este segundo, la copian de las secuelas cinematográficas: mimetismo que permite recordar que el cine no crea psicópatas, solo los hace más creativos, o más crueles.
En sí, es un suspenso repetido (y repetitivo), tal vez eficaz por tramos (porque tiene secuencias valiosas en tensión), con jovenzuelos a bordo que nunca abandonan sus rostros de vana erudición académica. El filme comienza con una secuencia intensa que retoma la anterior película mediante... ¡una película que se exhibe en un cine universitario!
El resto juega con los mismos actores, donde destacan las chicas (las actrices Neve Campbell y Courteney Cox). Así, mientras usted ve este largometraje, Wes Craven filma por allá Scream 3.
Cómo, dónde, cuándo
La máscara de la muerte 2 se exhibe en los cines Capri, San Pedro, Cinemark, Cariari, Universal.
Valor de la entrada: De ¢600 a ¢900, según la sala.
Horario : Funciones regulares.