El hierro es indispensable para el organismo, pero todo extremo es malo y el exceso de ese mineral puede ser tan nocivo como su deficiencia.
En condiciones normales, una persona absorbe entre 1 y 1,5 mg. del hierro que consume al día. Sin embargo, quienes padecen una enfermedad llamada hemocromatosis llegan a absorver cantidades hasta cinco veces mayores.
Cuando esto ocurre, el hierro que está "de más" se deposita en órganos como el hígado, el páncreas, el corazón, las articulaciones y la piel.
"Según el órgano afectado, puede aparecer cáncer de hígado, cirrosis, diabetes, enfermedades del corazón y otros padecimientos", advierte el hematólogo y microbiólogo Luis Mora, del Laboratorio de Investigaciones del Hospital Nacional de Niños (HNN).
Sin control
Generalmente, la sobrecarga de hierro surge por factores hereditarios o en pacientes sometidos a constantes transfusiones de sangre.
En el primer caso, "una alteración genética impide utilizar el hierro en forma adecuada, por lo que este se acumula en los tejidos", explica la hematóloga Berta Valverde, también del HNN.
La hemocromatosis es una enfermedad de carácter recesivo, así que un niño solo la heredará si recibe un gen defectuoso de cada uno de sus padres (es decir, si ambos son portadores, aunque no la padezcan).
La segunda causa afecta a personas que padecen anemia crónica, talasemia, o alguna otra enfermedad que las obliga a recibir transfusiones varias veces al mes.
"Cada transfusión es de medio litro de sangre, lo cual contiene 250 miligramos de hierro. Si alguien recibe esa cantidad dos veces al mes, serían 6.000 miligramos al año: en diez años tendrá 60 gramos de hierro acumulados en el organismo", detalla Mora.
A tiempo para reaccionar
Dado que el mineral se acumula lentamente -sin importar la causa- los síntomas no suelen aparecer antes de los 30 años de vida. Sin embargo, quienes son propensos a padecerla pueden tratarla a tiempo para dar años a su vida y vida a sus años (Véase recuadro Señales peligrosas).
"Las transfusiones son armas de doble filo: son indispensables para controlar algunas anemias; pero, al hacerlas sistemáticamente, ya se sabe que el paciente puede desarrollar una hemocromatosis", advierte Mora.
Por tal razón, en estos casos se recomiendan medicamentos conocidos como "quelantes de hierro", que permiten excretar ese mineral a través de la orina.
Si el exceso de hierro es causado por la herencia, se puede controlar con extracciones de sangre (flebotomías). La mayoría de la gente tolera dos de ellas a la semana.
En todo caso, siempre es mejor prevenir que lamentar: con solo someterse periódicamente a un análisis de sangre, cualquier persona puede detectar si el nivel de hierro en su organismo es excesivo, bajo o normal.
Señales peligrosas
Estos son algunos síntomas frecuentes en los pacientes de hemacromatosis:
La piel adopta una coloración bronceada.
El miocardio (parte musculosa del corazón) se agranda.
Fatiga crónica.
Principios de artritis.
Mayor susceptibilidad a infecciones.
Tractos fibrosos.
Disfunción eréctil (impotencia).
Fuentes: Luis Mora, Berta Valverde y Manual Merck Sharp & Dohme.