Mbarara, Uganda. Al menos a 724 se eleva el número de asesinatos que la Policía de Uganda adjudica a la secta apocalíptica "Movimiento para la Restauración de los Diez Mandamientos de Dios", cuyas actividades criminales han dejado un reguero macabro por todo el sudoeste del país.
Los efectivos policiales encontraron hoy 81 cadáveres más en una propiedad del culto en el pueblo de Rushojwa, a unos cien kilómetros de Mbarara, capital del distrito del mismo nombre, donde las autoridades no descartan la posibilidad de que se puedan encontrar los restos de otras víctimas.
Sólo los cadáveres de tres hombres, el resto corresponde a mujeres y niños, fueron exhumados hoy de un gran pozo cavado en el jardín de la casa de un miembro de la secta, Joseph Nyamurinda, quien, según vecinos, desapareció de la localidad hace más de dos semanas.
Las fuentes añaden que Nyamurinda y diecisiete de sus familiares pueden haber estado entre los, al menos, 330 miembros de la secta que perecieron el pasado día 17 en el incendio de una iglesia en Kanungu, la sede central de la secta, a 35 kilómetros al sudoeste de Rushojwa.
Según las primeras conclusiones de la investigación policial, que comenzó a tratar el caso como suicidio colectivo, las víctimas del incendio habrían ingerido hierbas alucinógenas antes de encerrarse en el templo, cuyas puertas y ventanas sellaron con clavos y tablones, donde se rociaron con gasolina y se prendieron fuego.
Sin embargo, los investigadores comenzaron a tratar el incidente como asesinato cuando encontraron los cadáveres de otras seis víctimas sepultadas bajo el piso de las letrinas del local y que, según los médicos forenses, habrían muerto una semana antes del incendio.
La Policía ordenó la captura por asesinato de los dos líderes principales del culto, el sacerdote excomulgado Joseph Kibwetere y Credonia Mwerinde, señalada primero como monja católica, pero identificada más tarde como una antigua prostituta, después de que un testigo, cuya madre murió en la tragedia, afirmara haberlos visto salir de la iglesia y darse a la fuga.
Desde entonces otras tres localidades, incluyendo Rushojwa, donde la secta tenía propiedades fueron investigadas por los efectivos policiales, que encontraron cuatro fosas comunes con los cadáveres de 394 personas, que presentaban señales de haber sido asesinadas.
Las autoridades anunciaron que pedirán ayuda a la Interpol para encontrar a cinco miembros del culto mesiánico, incluido Dominic Kataribabo (también ex sacerdote católico y erróneamente identificado entre las víctimas de Kanungu), quienes junto a Kibwetere y Mwerinde formaban el liderazgo de la secta.
La evidencia acumulada indica que todos ellos, motivados por razones lucrativas, han estado cometiendo desde hace mucho tiempo los crímenes que les imputa la Policía, que investiga también el paradero del dinero que sacaban a sus seguidores cuando se unían al grupo.
Kibwetere y Mwerinde habían vaticinado el retorno de Jesucristo a la Tierra y el fin del mundo para el pasado 31 de diciembre y, según cree la Policía, cuando nada sucedió los miembros de la secta demandaron la devolución de sus posesiones a los líderes, quienes organizaron entonces el "suicidio colectivo" de Kanungu.
Entretanto, un funcionario del gobierno local de Kanungu fue detenido hoy tras sospechas de que es un dirigente del culto, al que habría ayudado a registrarse como una organización no gubernamental, informaron portavoces policiales en Kampala, la capital ugandesa.
La detención de Amooti Mutazindwa, sub-intendente de Kanungu, es la primera en conexión con el caso, señalaron las fuentes, que sospechan que el funcionario es responsable también de haber destruido un informe de inteligencia en el que se advertía sobre el carácter peligroso de la secta.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.