Ring, ring... Una felicitación. Ring, ring... otra felicitación. Ring, ring... María Eugenia Bozzoli estaba algo abrumada con su Premio Magón 2001, no porque es el más importante que se le otorga a una persona por toda su trayectoria, sino porque no esperaba volverse, de un momento a otro, blanco de todas las preguntas, atenciones y felicitaciones.
Esa antropóloga de 66 años y académica apasionada es una mujer humilde, a la cual le encanta el trabajo, pero sobre todo, hacerlo en silencio.
Maruja , como le dicen cariñosamente, es conocidísima en el ámbito de las Ciencias Sociales y mucho más allá: es profesora emérita de la Escuela de Antropología y Sociología de la Universidad de Costa Rica, integrante del Consejo Universitario de la Universidad Estatal a Distancia, directora de la Academia de Geografía e Historia y miembro de la junta directiva de la Fundación Neotrópica.
Bozzoli ha sido pionera de la antropología costarricense y hasta una de las fundadoras del Departamento de Antropología de la Universidad de Costa Rica. Tiene un máster en artes (antropología) de la Universidad de Kansas y un doctorado de la Universidad de Georgia.
Desde los años 60 se dedicó a escudriñar el campo indígena y el campesinado y ha sido pionera en la investigación en simbolismo.
Sus textos aparecen en el extranjero en publicaciones muy prestigiosas para las ciencias sociales.
Vive en San Pedro de Montes de Oca en una casa llenísima de libros, en la cual los bares se han convertido en estantes. Por ahí, entre los estantes, una vitrina muestra objetos creados por los indígenas.
En medio del constante ring-ring de su teléfono y con la paciencia de una educadora de toda la vida, Maruja le habló a Viva del Magón el mismo día que se lo anunciaron, el jueves pasado. También conversó de sus luchas y hasta de su incursión en un partido.
Para ella, toda su labor ha sido solo granitos de arena. Los que la conocen piensan que son granotes.
¿A qué la impulsa el Magón?
Es un homenaje que implica deberes, no solo privilegios. Los deberes de tener siempre presentes las causas en las que una ha creído y en impulsarlas.
¿Cuáles son esos deberes?
Alentar a las personas que están en el campo de la cultura y de la ciencia social, porque como en el caso de la antropología, son áreas cuyo apoyo ha sido limitado. Es mi obligación cooperar.
Es la primera vez que se le da un premio a una antropóloga. ¿Qué puertas abre esto a su disciplina?
Es un grano de arena para promover los estudios y la práctica científico- social.
Uno de los aspectos que subrayó el jurado del Magón fue su contribución al conocimiento y comprensión de las etnias indígenas. ¿Cómo se inició en este campo?
Mi entrenamiento en antropología tuvo gran énfasis en la comprensión de estas comunidades alrededor del mundo, ciertamente hubo muchos cursos sobre indígenas americanos. El profesor que me guió era un arqueólogo y obviamente estaba especializado en culturas indígenas; entonces en bachillerato y maestría adquirí herramientas intelectuales para tratar con esos grupos. Al regresar al país, y como no había antropólogos, muchas cosas no se sabían. Una, como antropóloga, debía tratar de conocer realidades propias y los indígenas eran gente muy desconocida. Todavía me relaciono con el tema indígena, aunque ya no con la intensidad de antes.
¿Cuáles son los problemas indígenas que más la preocupan?
Ellos siguen necesitando fuentes de ingreso. En las áreas indígenas la salud no está en los niveles óptimos, siempre hay mucha mortalidad infantil. Todavía hay que trabajar más en la educación apropiada para las escuelas indígenas: bilingüe y bicultural.
Son muchas sus luchas. ¿Por cuáles se ha preocupado más?
Casi todo ha estado relacionado con mi profesión y mi deseo de combatir tanta desigualdad. Las luchas siempre han sido desde una perspectiva de estudio, en la política mi interés era de ciudadana. Cualquier cambio en la estructura de la sociedad siempre he pensado que debe ser con base en estudios, con conocimiento de causa.
"Otra preocupación mía ha sido la temática ambiental, quizá por estar casada por un entomólogo (Álvaro Wille Trejos)".
Ahora trabaja en la Comisión de Cultura del PAC. ¿Por qué decidió involucrarse más activamente en política?
La razón es que vengo leyendo los artículos de don Ottón (Solís) por años y me familiaricé con su pensamiento. Siempre coincidí con sus artículos. Cuando él ya se había lanzado como candidato, yo le dije allí: 'Ottón yo lo voy a apoyar'. Como pensaba que era un partido pequeño y tercera fuerza, pensé que si no dábamos un grano de arena no íbamos para ninguna parte. Mi aporte es en la comisión de cultura, la cual terminé presidiendo. Eso sí, no tengo ninguna pretensión política ni quiero desempeñar un cargo.
¿Por qué sigue en la Universidad de Costa Rica si está pensionada?
Yo me pensioné en 1988 y había dejado listo un proyecto en el cual la universidad iba a participar con Mideplan en el programa de desarrollo fronterizo Costa Rica-Panamá. Después me fui a Europa, pero cuando regresé me pidieron coordinar el proyecto y me recontrataron con un cuarto de tiempo. Me invitaron a Estados Unidos y renuncié, ¡ya era hora!; pero al regresar me tenían una contratación en la escuela la de Antropología e Historia, que se terminó en diciembre. Ahora voy a trabajar ahí un poquito, pero ad honorem .
¿Y por qué no ha querido separarse del todo?
Es que se acostumbra una después de tantos años. Vea esta casa: solo libros allá y allá y allá. Solo de la cocina los saqué porque allí se ensucian. Una no sabe vivir de otra manera, se acostumbra y no siento que el trabajo ya se acabó, de ninguna manera.
¿Cuál ha sido el norte en su vida?
La búsqueda del conocimiento. Desde pequeñita me gustó estudiar y todavía me gusta. Y es que el conocimiento nunca se termina.
¿Qué anhelos le faltan por cumplir?
Mis sueños están completos: tengo una familia, tengo una carrera, sigo trabajando en la educación superior... Quizá mi sueño siempre sea poder ayudar, eso satisface mucho.
Colaboró en esta información la periodista Ana María Parra.