LLEGAMOS ANTES DE las 8 de la noche, y ya estaban todas las mesas llenas, pero aun, antes de nosotros, había gente esperando lugar.
Al final del bulevar de Rohrmoser, después del "triángulo", se esconde este bar. Un rótulo que dice La Barcelona avisa que ya llegamos.
Los carros estacionados se amontonaban a ambos lados de la carretera, indicando que el sitio es bastante frecuentado. Este lugar multifuncional es bar, pizzería y marisquería.
Un gran congelador de cuatro puertas, con el símbolo del águila estampado, aloja reservas suficientes para toda la clientela.
Nos quedamos de pie aguardando que alguien desocupara una mesa. El mesero corre de un lado a otro llevando cervezas, tragos, tabasco, cebiches&...;
El comensal no tiene ni siquiera que articular palabra porque el mesero está pendiente de todo: de que el hielo no escasee y -sobre todo- de que la garganta no esté seca. La televisión es imprescindible; aquí hay dos aparatos: uno dentro y otro en el balcón.
La barra no existe. Las mesas son las que reciben a sedientos y hambrientos. A los 15 minutos de haber llegado, conseguimos sitio en una mesa en la última esquina del balcón, donde rebotaba el viento frío de la noche. El suéter fue de gran ayuda mientras esperábamos la comida.
La oferta de bocas o "tapas" -como se diría en Barcelona- espera sobre la mesa. Usted puede elegir desde un gallo de salchichón hasta plátanos maduros con queso, pasando por chiles jalapeños rellenos, pescado y tacos.
Mi acompañante se decidió por un cebiche, y yo pedí tacos de carne. Las bocas les quedaron pequeñas para nuestras expectativas.
Entre en calor
Pero si a usted no le bastan las tapas, puede optar por algunas entradas, como cebiche de camarón (¢1.845), cóctel de palmito (¢984) o ensalada de atún o de pollo (¢1.107). Los mariscos están por todos lados, de modo que usted puede pedir camarones al ajillo, a la parrilla, a la milanesa o la mantequilla (¢2.460).
Tal vez usted prefiera un filete de pescado (¢1.599) o un pulpo en salsa (¢2.091): aquí podrá satisfacer sus antojos.
Si el frío del balcón lo afecta, puede calentarse con una sopa de mariscos o de pescado, con un consomé de pollo o una rica sopa negra (¢861).
La pizza no apareció por ningún lado en el menú, aunque sí estaban la lasaña de la casa (¢1.599) y el espagueti a la mantequilla (¢984).
Usted puede pedir cualquiera de los postres por solo ¢615, o elegir un tres leches, chesse cake, arroz con leche, flan de caramelo o de coco, gelatina con frutas o una copa de helados.
El bar también ofrece especialidades en carnes: lomito presidente o jalapeño (¢3.075).
De un momento a otro, un hombre aparece tomando la presión por si acaso haya subido al calor de los tragos o haya bajado con el frío nocturno.
Las mesas siguen llenas y, por lo visto, ningún comensal piensa irse pronto; incluso, algunos tienen botellas enteras sobre la mesa.
Trajeron la cuenta: pagamos ¢1.760 -y el servicio fue impecable-. Solo hizo falta espacio porque "no hay campo pa' tanta gente". Así pues, le recomendamos que llegue tempranito.