Nació en Chateauroux, en el hogar de un modesto comerciante en telas. A la edad de 21 años inició su ascendente trayectoria económica con la instalación de una fábrica de camisas en París, la que, durante la primera guerra mundial, obtuvo el contrato para fabricar la ropa de algodón de las fuerzas aliadas.
Cuando terminó el conflicto bélico, Boussac estuvo en capacidad de adquirir varias industrias textiles, tanto en Francia como en Polonia, a las que los avatares de la guerra tenían al borde del colapso económico. Así consolidó el negocio de telas, que posteriormente lo llevaría a incursionar en los círculos exclusivos de la alta costuraparisiense. Fue él quien, al otorgarle el financiamiento requerido, lanzó a la fama en 1947 al célebre modisto Christian Dior, amo de la moda por varias décadas, de prestigio universal.
Movido por su gran afición a la cría de caballos, Boussac adquirió una importante yeguada en Fresnay-le-Buffart, de cuyos establos salieron ejemplares que le proporcionaron su primera gran satisfacción deportiva al ganar la carrera del Jockey Club; este triunfo lo logró doce veces más y lo convirtió en el verdadero e indiscutible rey de los hipódromos de ambas orillas del canal de la Mancha. Aparte de la yeguada de Fresnay, fue asimismo propietario de otra de similar importancia en Jardy.
En 1950, lo mismo que otro de los grandes de la industria textil francesa, Jean Prouvost, Boussac centró su atención en los medios de comunicación y adquirió la casi totalidad de las acciones del diario conservador La Aurora. Era dueño ya del único diario hípico de Francia, el Paris Turf .
Su actividad económica y financiera pasaba entonces por su mejor momento; en 1952 la revista estadounidense Fortune calculó su patrimonio en cerca de 150 millones de dólares, y lo comparó con el de Henry Ford I. Pero poco después, al finalizar la década de los 50, se inició el colapso de su mundo financiero, posiblemente debido a la apertura del mercado francés a la industria textil extranjera del Tercer Mundo , que contaba con mano de obra barata, imposible de competir con el nivel salarial del obrero francés.
Y así, en 1978 un tribunal comercial de París ordenó el remate del grupo comercial de Boussac, a quien, una vez liquidado el "imperio", "sólo" le quedó un castillo en Mivoisin, un departamento en Neuilly y una propiedad en Deauville. Falleció en Mivoisin.