Son músicos con carreras cortas, gran talento y entusiasmo. Se encontraron con maestros emprendedores y juntos iniciaron una tarea poco común entre los grupos independientes: montar una ópera.
Bajo la dirección de Karen Esquivel del grupo Ópera Nova y Julio Cordero de la Academia Bach, 34 músicos subirán a escena, hoy y mañana, para presentar la obra Dido y Eneas, de Henry Purcell.
"Es gente que tiene un talento, un don, y se han identificado con el propósito de hacer ópera" opina Gustavo Castro, pianista de Ópera Nova.
De esta forma él resume en palabras la mística que ha reunido a músicos jóvenes y adultos durante los últimos seis meses para trabajar en el montaje que tiene una duración de 50 minutos.
Engaños y tristezas
La pieza Dido y Eneas , es de origen británico. Estrenada en 1684, fue la única ópera completa que compuso Purcell, quien por sus dones artísticos incluso ha sido llamado el Mozart inglés .
Es una ópera barroca, caracterizada por su música liviana pero a la vez llena de ornamentos con un lenguaje muy cargado. "Captura muy bien el drama en la música" estiman los directores del montaje.
La pieza desarrolla la tragedia de Dido, una joven noble fundadora de Cartago que se enamora de Eneas, un héroe de guerra. Su amor es adversado por las hechiceras y las brujas que no toleran la felicidad ajena y emprenden una lucha contra ellos valiéndose de engaño.
Los papeles principales los interpretan Jéssica Montero (Dido), Carlos Quesada (Eneas), Rebeca Viales (Belinda, amiga de Dido), Karen Esquivel (hechicera) y Carmen Arrieta y Glenda Juárez (brujas).
A su lado la camerata académica de la Academia Bach, compuesta por 12 músicos, llevan la batuta instrumental.
Instrumento didáctico
Según explican los directores del montaje, la obra se eligió al considerar que se adaptaba a las posibilidades de los músicos y a la disponibilidad de recursos.
Cordero expresa que en este espectáculo se ha invertido cerca de un millón de colones y el trabajo ha corrido a cargo de músicos, padres de familia, directores y demás. En ellos ha recaído la responsabilidad de coordinar ensayos, escenografía, luces y todos los detalles. "Es un reflejo de que en Costa Rica se pueden hacer las cosas sin ayuda del estado" opina Castro.
Para él y para Esquivel esta experiencia ha permitido por un lado dar un empuje a la formación de los estudiantes y por otro ofrecer alternativas de espectáculos al público.
"Es una opción diferente", dice Cordero, quien considera que es importante implementar alternativas a los jóvenes que los alejen de la violencia y la droga que les amenaza. Sin embargo , asegura que no es una tarea tan sencilla, pues en Costa Rica la cultura de ver óperas no está generalizada.