Como solía suceder antes de cada
“Los de Malpaís esperaban a unas 400 personas; sin embargo, el público los dejó callados al atiborrar la parte de la Aduana donde se ubicó la tarima. Las cuentas apuntaron a que hubo entre 2.000 y 3.000 espectadores. Tanta fue la emoción que los músicos invitados no pararon de decir: ‘Mae, qué buen
Ese primer concierto del 6 de noviembre del 2003 en La Aduana, fue apoteósico, deslumbrante, fuera de serie, fenomenal... igual que todos los que le siguieron, incluido el último, el de la despedida, celebrado el 18 de noviembre anterior.
Lo que comenzó como un experimento musical en 1999, sin intención alguna de atraer seguidores ni de hacer conciertos masivos, acabó transformándose en un fenómeno social capaz de convocar alrededor de la música a personas de toda clase, nivel académico, edad y procedencia.
“En los inicios, nosotros tocamos para públicos pequeños. Y el primer disco costó mucho (
Carlos
“Recuerdo una vez que fuimos a un colegio de San Isidro de Heredia. Empezamos a tocar y aquello se convirtió en una locura. El grupo no se había propuesto ninguna estrategia de mercado, ni sonaba en la radio; bueno, ¡ni suena!”, dice
Los orígenes de Malpaís se pierden en la hoja de vida de cada uno de sus integrantes. Formalmente, el grupo nació en 1999, aunque los conciertos se iniciaron en el 2003. Pero, la pura verdad, estaban predestinados a encontrarse en un recodo del camino para engendrar una agrupación a la que bautizaron con el nombre de una playa de la península de Nicoya.
Los hermanos Gamboa (Fidel y Jaime) y su inseparable amigo de Colonia Kennedy, en San José, Iván Rodríguez, de pronto se convirtieron en las columnas de aquella obra musical con olor a
Pasaron 12 años juntos. Todavía más, si se sacan cuentas del tiempo que llevan de conocerse.
Siete discos (
“Es algo de alto impacto, no se puede obviar. Nacionales y extranjeros fuimos apabullados por la contundencia de estas toneladas de música nacional. Y sobre el escenario, seres humanos felices, admirados de su propia creación, aferrados a la dignidad de un credo cuyo eslogan nunca será ‘sí se puede’, porque hace rato ya pudieron: sobresalir de la mediocridad”, escribió el crítico de música de
Sí, sobresalir de la mediocridad en un ensayo que se convirtió en la muestra más reciente de lo mejor de la música nacional.
“Malpaís es sorprendente. No tiene un público meta; Costa Rica completa es su público meta. No recuerdo nadie que lograra eso. Es el supergrupo. Está conformado por puros virtuosos”, dijo a
Porque el grupo fundió en el horno de barro de
Pero pasó lo impensable. El Malpaís que convirtió en himnos a
Miles de personas lloraron esa pérdida, y más sus amigos y compañeros del grupo. “Fidel nos convocó y, con su partida, nos desconvoca”, dice Manuel, como para justificar por qué tanta gente que los siguió ya no los verá bailar
Cuenta Jaime que fue Iván quien, ante la ausencia de Fidel y para no perder la costumbre, se dejó decir ese viernes: “Mae, no va a llegar nadie”. Sabían que no era así porque, afuera, jóvenes y viejos, pobres y ricos, guanacastecos y josefinos, esperaban para llenar el Estadio y reventarlo con sus voces en un sentido adiós a su Malpaís del alma.