Asqueado por sus propios olores pero inspirado por grupos de chicas adolescentes, el mago estadounidense David Blaine está a solamente unos días de completar un ayuno de 44 días dentro de una caja de plástico transparente que ha fascinado y enfurecido a no pocos británicos.
El neoyorquino de 30 años apareció el martes lánguido pero contento, levantando una mano hacia grupos de niñas que le gritaban "!Te amamos, David!" mientras permanece acostado dentro de la caja colgando de una grúa al lado del río Támesis de Londres.
Semana muy difícil
"Esta última semana es la parte de mayor dificultad, siento que se está poniendo realmente difícil", dijo Blaine al público que ha visto la cobertura de 24 horas del reality TV de su inusual prueba, que debe terminar el domingo.
Blaine, que dice que solamente ha consumido agua a través de un tubo desde que se metió a la caja el 5 de setiembre, se ha quejado de que huele a azufre y mencionado en repetidas ocasiones que lo que más añora es un baño y lavarse los dientes.
El ilusionista también ha mostrado signos de delirio, soñando gusanos en su estómago y describiendo sensaciones de claustrofobia donde las paredes de la caja "se sienten como si me estuvieran aplastando el cráneo".
Miles de británicos se reúnen día y noche cerca de la caja para provocar, alabar o simplemente ponderar a Blaine.
La zona vigilada por abajo de Blaine parece más un santuario, cubierto de banderolas y "ofrendas" de flores, así como ositos de peluche.
Además, el mago se ha convertido en un símbolo enigmático para las clases a las que les gusta estar al tanto de chismes en Gran Bretaña.
Para algunos, Blaine representa la hegemonía estadounidense viajando por todo el mundo, mientras que un columnista lo vio como un símbolo de las celebridades flotando por arriba de las masas pero sufriendo su propio aislamiento.
El pasado 18 de setiembre, el público británico dijo estar convencido de que el mago Blaine no lograría sobrevivir durante 44 días en la caja colgada sobre el Támesis de Londres, según las apuestas.
Como si alguien hubiese planeado un boicot contra este ilusionista neoyorquino, todo parece volverse en su contra: desde gente que hace volar hamburguesas a su alrededor, pasando por stripteases, hasta otros que intentan cortar las cuerdas que sostienen su "casa" sobre el río.