Moscú. Rusia honró hoy a los 117 rehenes muertos en la liberación del teatro Dubrovka con rezos, banderas a media asta, flores y juguetes en el escenario de la tragedia, sin olvidar que la bomba que originó la crisis, Chechenia, sigue activada.
El día de luto decretado por el presidente ruso, Vladímir Putin, se siguió rigurosamente en todo el país con el sabor agridulce del alivio por el fin de la toma de rehenes y el rescate de la mayor parte de ellos, y el dolor por la elevada pérdida de vidas.
En una reunión del gobierno, Putin dijo que Rusia "no negociará con terroristas ni aceptará ningún chantaje".
El presidente pidió un minuto de silencio por los rehenes muertos en el drama del teatro Dubrovka, secuestrado durante tres días por un comando chechén.
El entorno del teatro se convirtió hoy en un santuario temporal, con decenas de personas que colocaban flores y niños que añadían pequeños juguetes al homenaje póstumo.
Entre los rehenes muertos hay dos niños pertenecientes al elenco de artistas del espectáculo "Nord-Ost" y la muchacha kazaja de 13 años muerta en el asalto.
En las iglesias de todo el país se llevaron a cabo oficios en memoria de los 117 rehenes muertos, también recordados en sinagogas, templos budistas y mezquitas, sobre todo en la cuenca del Volga donde la población musulmana ha condenado con horror el integrismo que llevaban como insignia los terroristas.
Asimismo, se rezó por la salud de los 405 exrehenes que aún permanecían hoy en los hospitales de la capital rusa, donde se registra un goteo de altas médicas.
Pero en las unidades de cuidados intensivos y en reanimación aún hay un número considerable de exrehenes, cuyo estado grave indica que la lista oficial de fallecidos confirmada hoy por el ministerio de Sanidad ruso podría alargarse.
Varios doctores que los atienden y que fueron consultados por la agencia Utro.ru manifestaron su creciente pesimismo y vaticinaron que el número de fallecidos por inhalación de gas puede alcanzar las 200 personas.
La atmósfera de duelo era si cabe más intensa en los alrededores de los hospitales pues sólo hoy comenzó a darse amplio permiso para que los familiares de los exrehenes afectados por los terribles efectos del gas empleado en el rescate pudieran visitar a sus allegados.
En el hospital número 13 de Moscú la situación era más dramática, pues entre 30 y 40 familias no tenían aún información sobre el paradero de sus parientes, unas 70 personas que pueden encontrarse en algún hospital inconscientes o haber fallecido.
En el Centro de Rehabilitación de la calle Melnikov, cerca del teatro, se produjeron escenas muy dolorosas, pues allí se instaló una oficina para el reconocimiento por medio de fotografías de los rehenes muertos aún sin identificar.
La angustia y nerviosismo de los familiares aún no ha remitido, pues, aunque muchos de los 646 heridos que ayer citaban las autoridades sanitarias han sido dados de alta, antes de abandonar los centros médicos han de pasar por manos de la Fiscalía.
Los fiscales encargados de la investigación de la crisis (entre el día 23 y el 26) han asumido la desagradable tarea de hacer revivir a los exrehenes las 58 horas de terror pasadas en el teatro para desvelar todos los detalles del acto terrorista.
En el día de luto las fuerzas de seguridad rusas mantienen la alarma ante la posibilidad de que el asalto del Dubrovka no sea un hecho aislado y se convierta en la espita que reviente el polvorín del Cáucaso.
A una de los detenidos en la capital rusa se le encontraron los planes para atentar supuestamente contra la estación de tren Kurskaya, una de las más importantes de Moscú.
Las detenciones en la capital rusa y en el norte del Cáucaso se sucedieron y el fiscal general de Rusia, Vladímir Ustínov, señaló la necesidad de averiguar "cómo ocurrió el crimen y quien ayudó a los terroristas, en Moscú y en el extranjero".
El Kremlin no ha pestañeado al atribuir la toma de rehenes a una acción terrorista internacional e identificar el conflicto chechén con un escenario más de la lucha mundial contra el terrorismo sin fronteras.
En la prensa oficialista rusa se insistió en que el principal responsable de la toma de rehenes es el presidente chechén, Aslán Masjádov, a cuya cabeza ha puesto precio el Kremlin, a pesar de que él mismo negó su participación y condenó la acción.
La prensa liberal señaló que la muerte de rehenes es el pretexto que precisaba el Kremlin para endurecer su campaña en Chechenia, quitar apoyo internacional a los separatistas y acallar a los organismos humanitarios que denuncian las violaciones de derechos humanos en esa república caucásica.
Putin amplió hoy a todo el mundo su lucha contra los guerrilleros chechenes, al prometer perseguirlos "por todas partes donde se encuentren los propios terroristas, los organizadores de estos crímenes y sus inspiradores ideológicos y financieros".
"Subrayo, allí donde se encuentren", advirtió Putin.
Los diarios señalaron que esta nueva situación cerrará la puerta a toda negociación y pondrá entre la espada y la pared a los separatistas chechenes más moderados, conduciéndolos al radicalismo y alineando a muchos de ellos con los terroristas.
Edición periodística: Gerardo González y Juan Fernando Lara . Fuente: agencias.