Cannes (Francia), 16 may (EFE).- La directora argentina Lucrecia Martel que hoy estrenó "La Niña Santa" en la competición por la Palma de Oro del Festival de Cannes, dijo que "la única ventaja del cine sobre la escritura es el elemento táctil" que es el sonido.
"Eso hace que los espectadores sean atravesados por la película, de todo lo que puede permanecer en el cuerpo de un espectador, el sonido es lo único que lo traspasa", explicó la directora, que subió las escaleras del Palacio de los Festivales de Cannes del brazo del director Pedro Almodóvar, coproductor de su película.
"La imagen es algo que se ve, pero el sonido lo traspasa y para mi esa condición física del sonido es muy importante. Cuando pienso como filmar, me resulta mucho mas fácil empezar por el lado del sonido para detectar la forma de la escena", añadió.
En el guión hay "muchísimos apuntes sobre sonido y durante el rodaje estoy muy atenta para percibir otras cosas", comentó la realizadora de "La Ciénaga", antes de destacar la importancia de la voz humana en este segundo largometraje suyo.
Por eso, señaló, "hicimos una semana entera de grabación de sonidos, para captar diferentes voces y ver como se podían organizar entre sí, para después poder construir esta textura como soporte de toda la película".
"Como no sé nada de música (...) la verdad es que soy una persona muy ignorante, me cuesta mucho poner música en la película", por lo que "prefiero poner música en determinadas partes muy precisas y así entiendo bien porqué la pongo", lo que hace que "toda la banda sonora deba ser pensada", indicó Martel, quien subrayó, igualmente, "la infinita calidad de los sonidos" y de su aspecto táctil.
Del enfoque de su cinta, en la que una de las principales protagonistas es una adolescente, interpretada por María Alche, la directora dijo no haber reflexionado sobre la inocencia, por no creer en ella.
"Creo mucho más en la hepatitis, la fiebre y ese género de cosas", añadió la directora, que dio uno de los papeles protagonistas más delicados de su filme a un médico.
"En el punto en que me parece muy atractiva la medicina y la religión es que ambas tienen una visión muy fragmentada del cuerpo, creo que la medicina por consecuencia de la religión, y esa visión fragmentada me parece útil a efectos de esta experiencia narrativa", comentó.
Sobre el parcial hermetismo de su obra, dijo haber trabajado en el guión más de 700 días, por lo que es difícil hacer un resumen atractivo" de él, y consideró que sentir "cierto enorme placer por definir lo ambiguo es tan inherente en mí que en el momento de ponerme delante de una cámara es inevitable".
"Creo en cualquier sistema de justicia que surja del organismo viviente, de lo vivo, de lo vital. 'Inocencia' no es una palabra que tiene sentido, cuando hablo de un personaje, ni la pienso, cuando uno habla de un personaje esta pensando en una persona y una persona es un organismo vivo donde la culpa, la inocencia, el mal y el bien no se definen de esa manera", agregó.
La película de Lucrecia Martel es una de las dos latinoamericanas en competición por la Palma de Oro en Cannes este año, junto con "Diarios de motocicletas", del brasileño Walter Salas, que se estrena el próximo día 19. EFE
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