La epopeya es parte de la historia de China, donde la leyenda se confunde con la verdad, la crónica con la poesía y el bien con el mal. De este trazo histórico se alimenta una de las películas más hermosas que hayamos visto, para materializar un solo relato desde tres perspectivas diferentes, con gran expresión visual.
Hablamos de la película Héroe (2003), del sobresaliente director chino Zhang Yimou, hombre de reconocida filmografía, cuyas películas solo son posibles de recuperar por la ruta de los videoclubes en nuestro país, como Semilla de crisantemo (1990), La linterna roja (1991), ¡Vivir! (1994) y La joya de Shangai (1995).
En pantalla grande solo hemos visto su inolvidable Sorgo rojo (1987), que exhibió la Sala Garbo. Ahora estamos una nueva situación de privilegio, porque es raro que piezas como Héroe lleguen a los circuitos comerciales de cine. Se trata de un filme con las actuaciones de Jet Li (actor chino triunfante en Hollywood), Tony Leung, Maggie Cheung y Zhang Ziyi, entre otros.
La historia sucede durante la guerra de los siete reinos que dividían a China antes de ser un solo país. Era una lucha por la supremacía, donde el rey Qin era el más fuerte en sus obsesiones por construir un imperio unificado: todos bajo un mismo cielo. Igual, ese rey era el más odiado por las otras regiones chinas.
Es cuando un "hombre sin nombre", así se le reconoce, recurre a una extraña estrategia para acercarse a Qin y lograr su muerte. A nosotros, la película nos narra esa maniobra, y lo hace desde el punto de vista de distintos personajes. Esto es lo que le da cuerpo a una narración poética que, a la vez, se convierte en fino y sentido texto por la paz, por la conciliación, por la armonía y por la unidad, tema muy de acuerdo con la realidad china actual.
En ese afán, la película se muestra jugosa y riquísima en imágenes y colorido. Su fotografía es extasiante. El manejo de las cámaras es soberbio. La levitación actoral es fina como el vuelo de una pluma elegante. De alguna manera, la expresión visual del filme es metáfora de la filosofía presente en la historia narrada, dentro del pacifismo producto de la avenencia humana.
Aquí no vemos las artes marciales autoparódicas y absurdas, tan mal comprendidas por un Quentin Tarantino, por ejemplo, en la espernible Kill Bill. Aquí todo se llena de lirismo: las imágenes son figuras retóricas que nos llevan a la cosmología y ética de los acontecimientos.
Lo que queremos decir, en dos platos, es que con Héroe estamos ante una película más que notable, capaz del impacto emocional y donde lo visual nos subyuga. Es cine de rostro apabullante, con una musicalización extraordinaria. Es caligrafía del mejor arte: arte de verdad.