El decreto que estipula la adopción del modelo brasileño–japonés de televisión digital se hizo oficial ayer con su publicación en la gaceta. Superada la discusión relativa a los aspectos tecnológicos de la digitalización, debe abrirse ahora el debate sobre sus implicaciones sociales.
Al día de hoy ningún país latinoamericano ha digitalizado completamente sus señales televisivas, y en todos ellos esta transición se ve como un proyecto a mediano o a largo plazo. Por ello, solo nos queda imaginar cómo se gestionará este proceso en un país con las condiciones sociales, culturales y económicas de Costa Rica. En el caso de Japón, podemos recoger algunas pistas, sino de lo que será, al menos de lo que debería ser el proceso de transición al nuevo paradigma tecnológico.
Primero es necesario señalar que en Japón existe algo con lo que lamentablemente en nuestro país no contamos: un sistema de televisión pública fuerte. La denominada NHK, además de ofrecer cinco canales de televisión, dos analógicos y tres digitales, cumple un rol fundamental en la industria mediática de Japón, no únicamente transmitiendo programas educativos y culturales de altísima calidad, sino también dirigiendo el desarrollo tecnológico del sector. De hecho, fue la NHK la encargada de diseñar e implementar el sistema de televisión digital, que tras ciertas modificaciones, fue adoptado en Costa Rica.
De este modo, en el aspecto tecnológico, podemos decir que Costa Rica seguirá el camino marcado originalmente por la NHK, pero la pregunta es si podrá seguir también sus pasos en el manejo “democrático” del proceso. El apagón analógico fue definido en Japón para el 24 de julio de 2011. Sin embargo, desde 2008 en los distintos canales de la NHK se pueden observar comerciales, miniprogramas y documentales que explican a fondo los beneficios y los requerimientos de la televisión digital. La NHK además coordina con televisoras locales y regionales para evitar que estas desaparezcan o sean absorbidas por otros medios debido al elevado costo financiero de la transición.
Todos estos esfuerzos están en consonancia con el hecho de que la NHK siendo un sistema de medios públicos financiado por el aporte voluntario de todos los ciudadanos, cuenta con la obligación legal de llevar sus transmisiones a todo el país. Es por esto que si incluso una pequeña parte de la población se ve privada del acceso a la televisión debido al cambio de tecnologías, la NHK estaría incumpliendo sus obligaciones éticas y legales, y estaría perdiendo el aporte económico de cualquier sector que quede excluido. A pesar de todas las gestiones de la NHK, una parte importante de los hogares japoneses no cuentan aún con receptores ni codificadores digitales.
Según un alto funcionario de la NHK con quien tuve la oportunidad de conversar, en los pasillos de la institución incluso se comenta la posibilidad de postergar la transición hasta que se pueda garantizar que el derecho de los ciudadanos a acceder a la televisión no se verá violentado por una decisión de carácter tecnológico.
Acceso a nueva tecnología. Al observar el reto que representa la digitalización en un país como Japón, donde existe una enorme fascinación por la tecnología y el salario promedio supera fácilmente los $2.000, surge la inquietud: en Costa Rica ¿cuál institución cuenta con los recursos económicos, la capacidad logística y el compromiso ético para impulsar un proceso de digitalización en el que se garantice que incluso los sectores sociales más vulnerables puedan acceder a la nueva tecnología? ¿La SUTEL, el MINAET o serán los medios privados?
Esperemos que esta tarea sea asumida por un grupo de consenso que trabaje para que la digitalización efectivamente permita a los costarricenses contar con una transmisión de mayor calidad, y no se convierta en un elemento que favorezca aún más la concentración de los medios en pocas manos, y además, traslade la brecha digital a un medio tan fundamental como la televisión.