Por Rocío Ayuso
Los Angeles (EEUU), 1 feb (EFE).- Los Oscar son la excusa para el exceso, las fiestas y los modelitos, pero este año los candidatos se han puesto serios y sus películas reflejan las preocupaciones del mundo real.
En la lista no figura ni un "Titanic", ni algo como la saga de "The Lord of the Rings".
De hecho "Star Wars Episode III: Revenge of the Sith", la película más taquillera del 2005, tan sólo cuenta con una candidatura de esas llamadas de "pedrea". Al mejor maquillaje.
Los miembros de la Academia se han puesto serios y han dejado a un lado el aspecto de espectáculo que suele acompañar al cine en favor de plantear inquietudes de actualidad.
Las cinco candidatas a mejor película discuten las convenciones sexuales ("Brokeback Mountain"), los conflictos raciales ("Crash"), el terrorismo ("Munich") o la libertad de expresión y la política del miedo ("Good Night, and Good Luck").
Casi parece una ironía que el filme menos polémico de todos ellos es "Capote", centrado en uno de los escritores más controvertidos de la literatura estadounidense, Truman Capote, homosexual, trasgresor y que rezaba por la ejecución de un reo para contar con el final perfecto a la novela que le dio la fama.
Cuando Steven Spielberg conoció las cinco candidaturas de "Munich", aseguró que "éste es el año más activo a nivel político y humano" que el cine ha visto desde la década de los años 70.
Las razones de esta seriedad son tan diversas como los comentarios generados tras el anuncio de las candidaturas.
¿Se trata de una reacción al mal año que ha vivido la industria de Hollywood, que en el 2005 perdió un cinco por ciento de sus ingresos de taquilla respecto al año anterior?
¿Es una respuesta al segundo mandato del presidente estadounidense, George W. Bush, por parte del Hollywood demócrata?
¿O simplemente estamos ante una moda cíclica del Oscar y sus académicos?
Spielberg apunta a los dos primeros cuando dice que es "una llamada de atención" a los estudios para que dejen de preocuparse por producir "taquillazos" y apuesten por otro tipo de cine.
"Los cineastas son mucho más activos desde el segundo mandato de Bush. No hay nadie que represente lo que sentimos y tenemos que responder", indicó a la prensa.
Los que opinan que se trata de una moda recuerdan que antes de las grandes victorias que tanto gustan al Oscar, como las de James Cameron y Peter Jackson, hubo años como 1996.
Bautizado como el año de los independientes, esa fue la edición de "Shine", "Fargo", "Secrets & Lies" y "The English Patient".
La 78 edición de los Oscar es de nuevo el año de los filmes independientes que además piensan.
En opinión de Paul Haggis, director y guionista de "Crash", el cambio responde a un cambio en el público que también se plantea estos temas.
"Es un reflejo de lo que ha pasado en el mundo desde el 11-S y la invasión de Irak", repitió una y otra vez Jeffrey Caine, candidato por su guión para "The Constant Gardener", otra película con conciencia, pues está centrada en las intrigas de la industria farmacéutica.
Además de la seriedad de las candidatas en esta edición del Oscar y de su espíritu independiente (a excepción de "Munich"), las cinco también tienen otro detalle en común: las han visto muy pocos.
La recaudación de taquilla de todos los candidatos a mejor película no supera los 186 millones de dólares en Estados Unidos, la cifra más baja desde 1986.
La cifra está muy por debajo de los ingresos de una comedia como "Wedding Crashers" y a años luz de los "Harry Potter", "Star Wars", "War of the Worlds" o "The Chronicles of Narnia" que el público fue a ver en masa pero que la Academia desdeñó en sus candidaturas.
La revista "Variety" habla de una "crisis de identidad" de la industria, sus profesionales y su público.
"La comunidad creativa prefirió filmes diferentes a los que el resto del país está viendo", resumió respetuoso Gilbert Cates, productor de la ceremonia de los Oscar, cuya preocupación es lograr que el público conecte con la entrega de las estatuillas a unas películas que la gente no se molestó en ver. EFE
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