
Mañana es fiesta. Y cómo no va a ser un día tan especial cuando celebramos 180 años de la Anexión del Partido de Nicoya -no de
Guanacaste- a Costa Rica.
Sin embargo, esta suprema decisión, no vino así, como caída del cielo. Por lo contrario, detrás de ella, dicen algunos estudiosos e historiadores, se conjugaron factores y personas tan distintas que, muchas veces, han llevado hasta las más grandes contradicciones, equívocos e incluso, hasta a la burla grosera.
Pero eso no importa, pues 180 años después, la Costa Rica de ahora y tiene la obligación de saberlo, podría añorar a aquellas personas que se juntaron para llevar a la realidad un sueño: La Anexión.
Guanacaste, tierra de los Briceño, de Cupertino-para muchos el padre de la Anexión- de Manuel, de Leonidas y otros Briceño más, que hoy parecen ser de todo Guanacaste, de todo el país y quienes reclaman para sí el honroso apellido, se siente más que orgullosa y cómo no serlo cuando, por ejemplo, en sus tierras se ha librado las más importantes gestas para salvaguardar la paz del país.
Según rememoró ayer don Porfirio Briceño Díaz, descendiente de tan ilustres ciudadanos, la mayor parte de ellos se estableció en Quebrada Honda de Nicoya, pueblo situado a 27 kilómetros al noreste de la ciudad. Ese lugar fue fundado por su abuelo, Andrés Briceño Acevedo.
Para don Porfirio, el hecho de que tantos lugares hayan sido bautizados con los apellidos de sus parientes, significa, ni más ni menos, que un reconocimiento al espíritu altruísta que siempre los caraterizó.
“Mis parientes regalaban tierras, pero con fines benéficos”, recordó don Porfirio.
“Mi bisabuelo -Andrés- fue el primero de los Briceño en hacer nido en Quebrada Honda”.
Hurgando en su memoria, don Porfirio prefirió ahorrarse tiempo y también un poco de espacio al hablar sobre el árbol genealógico de su familia”.
“Bueno, creo que a un árbol de Guanacaste le harían falta ramas para que quepamos todos”.
“Tenemos de todos los nombres, algunos casi hasta inimaginables e incluso, un Neil, para honrar al astronauta estadounidense, Neil Armstrong, quien fue el primero en pisar la Luna”.
“Cuando me preguntaron que por qué no le puse el nombre completo“- o sea, algo así como Neil Armstrong Briceño- don Porfirio respondió, bueno, que yo sepa el mío aún no ha llegado a la Luna”.
Don Porfirio contó a La Nación algunas cosas que le han llegado, ya sea por escritos, anéctodas y otros medios, mientras parece sentirse felizmente orgulloso de habitar en una casota vieja, de más de medio centenar de años, llena de recuerdos, tinajas, cocinas de leña, viejos roperos y otros recuerdos que hacen parecer a la habitación como un pequeño museo.
Sin embargo, este maestro, de 67 años, amigo de escribir cuentos, aunque nunca los ha publicado, no parece sentirse tan feliz en este universo.
Dijo a La Nación que el Gobierno de la República los ha abandonado y que los malos caminos siguen siendo un grave problema para toda la población de la provincia.
La historia
Según el escritor y estudioso, Carlos Rubio, las tierras que constituyen Guanacaste eran pobladas, hace más de 500 años por indígenas, testigos del arribo de los españoles.
Los cacicazgos de Chorotega, Gurutina, Paro, Canjen y Diriá se vieron desposeídos de sus tierras. España trazó los mapas y estableció los límites del istmo centroamericano: la Capitanía General de Guatemala quedó conformada por las provincias de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Sin embargo, hubo una tierra, la Alcaldía de Nicoya, que no pertenecía a Nicaragua ni a Costa Rica. En 1786, el rey Carlos III, de España, se fijó en esa pequeña alcaldía y decidió que Nicoya debería integrarse a la provincia de Nicaragua.
Años después, en 1812, en medio de los hechos que condujeron a nuestra independencia, cada una de las provincias de la capitanía de Guatemala debió enviar un representante a España con la misión de asistir a las Cortes.
Sin embargo, los habitantes de Costa Rica enfrentaban un inconveniente: su población era inferior a la requerida para ser representadas en las cortes. Ante ello, nuestras autoridades buscaron una solución.
Pensaron en unir el territorio de Nicoya al nuestro para ajustar la población requerida.
Los nicoyanos estuvieron de acuerdo. Así, el presbítero Nicolás Hidalgo viajó a Costa Rica en nombre de esa población.
Viene la anexión
En 1823, los gobernantes, en San José, estaban interesados en la idea de unir a Nicoya y Costa Rica. Un diplomático costarricense se trasladó hasta Granada, donde firmó un tratado, cuyo texto expresaba:
"Conociendo que el partido de Nicoya, por su situación topográfica, puede recibir mayores ventajas del gobierno de Costa Rica, a cuya provincia está más contigua, el gobierno de Granada lo informará así a la Soberana Asamblea Constituyente para su determinación".
El desaparecido historiador, Carlos Meléndez, comenta en su libro Costa Rica: tierra y poblamiento en la colonia que el 25 de julio de 1824, ante la seriedad de tal decisión, se convocó a un cabildo abierto en el que participaría todo el pueblo para que expresara su opinión.
De esta forma, ese día los nicoyanos se hicieron presentes en un cabildo abierto. Allí estaban los tres regidores municipales, los soldados, los nobles y el resto del pueblo.
En medio de consultas, dudas y aspiraciones, ese pueblo decidió unir su destino al de Costa Rica. Posteriormente se redactó un acta que hizo historia. Este documento, según Mel´éndez, recogió el razonamiento del jefe político, Subalterno y Comandante de Armas del Partido, ciudadano don Manuel Briceño, de los miembros de la Municipalidad de Nicoya, regidores, autoridades militares y civiles y los “principales” (nobles) de este pueblo.
No aparece por ningún lado el nombre de don Cupertino Briceño, personaje en quien no pocas personas han hecho recaer, al parecer sin fundamento, según criterio de Meléndez, el proceso de la anexión a Costa Rica.
Está claro -cita el libro de Mel´éndez- que la suprema autoridad estaba ejercida por don Manuel Briceño, quien al parecer era tío de don Cupertino. Otros estudiosos han hecho recaer el movimiento de la anexión en él, pero la historia dice que don Cupertino había salido del país el febrero de ese año con destino a Chocó, Colombia, para cumplir con algunas obligaciones laborales pues él se dedicaba al comercio, entre otras actividades.
La historia no ha podido precisar si Cupertino se hallaba en Costa Rica en julio de 1824. La circunstancia de que no aparezca entre los signatarios del documento de incorporación a Costa Rica, es un índice de su ausencia en Nicoya para ese fecha.