Premio desierto en escenografía. No es fácil ser parte de un jurado y también puede serlo. Depende de la actitud asumida por cada quien desde esa privilegiada faena de valorar el arte o labor de otros. Tal vez, en los recientes premios nacionales para las artes dramáticas, en los miembros del jurado respectivo haya ahora un sabor a sinsabor. Digo esto porque tomaron la riesgosa decisión de declarar desierto un premio como el de mejor escenografía y aducen que hubo una plástica escénica escasa. No es cierto. No es un asunto cuantitativo. Hubo propuestas escenográficas por cuanta obra se presentara en teatro alguno. Uno acepta mejor el criterio del jurado al decir que el premio quedaba desierto porque no hubo trabajos sobresalientes. Aquí sí hay afán de dicho jurado para asumir su propio sí o su propio no , aunque no se coincida. Esta vez no deseo ser eco del sí o del no ajeno, sobre todo porque, en mi labor constante como crítico de teatro, encontré trabajos dignos de ser premiados. No hago de mis palabras un absoluto ni creo que dicho veredicto del jurado sea otro absoluto. El asunto es que vi, por ejemplo, una escenografía compleja, funcional, grata, expresiva y con imaginación en su prognosis del drama, diseñada por Luis Therón, en la obra En el séptimo círculo . Por otra parte, como gran espacio de contradicciones en desplazamiento, es digna del premio la escenografía de David Vargas para La tierra insomne . Con sentido minimalista hubo dos escenografías significantes, enriquecedoras del texto dramático y muy creativas desde la escasez obvia de recursos, como fueron las de las obras Manuela siempre , responsabilidad de Carol Jiménez, y la de Quimera , creada por Jeff Arce. No puedo dejar de mencionar el trabajo de Pilar Quirós para la obra Soledad, ¿quién te acompaña? , por ser una escenografía sensible, con el justo aprovechamiento del espacio pequeño del teatro Vargas Calvo.