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Los desvaríos de Papert

En el siglo XXI el modelo educativo pluricentenario y fabril debe ser cuestionado

Debo decirlo una vez más: Seymour Papert, matemático, científico de la computación, pionero de la inteligencia artificial, inventor del lenguaje de programación y autor del enfoque educativo para el uso de la tecnología digital en educación al que denominó Construccionismo, es un visionario. Ya a finales de los años sesenta proponía junto con Alan Kay el “Dynabook”, un dispositivo portátil precursor de las actuales tabletas, pero dirigido a niños, niñas y jóvenes. Cuando en esa época predijo, no tanto que las computadoras serían personales y portátiles, sino que estarían en manos de infantes y jóvenes, poca gente le creyó. La mayoría consideró su visión como un desvarío.

Pero el tiempo, el implacable, el que pasó (como dice Pablo Milanés) demostró que las aparentes incoherencias de Papert, no lo eran. Llegó el momento en el mundo, en que el avance de la ciencia y la tecnología, y sobre todo la voluntad política y educativa en algunos países y regiones han puesto en manos de jóvenes, niños y niñas, computadoras personales, portátiles e inalámbricas. En los estratos sociales más privilegiados y en los países desarrollados, tienen acceso a tres o cuatro cada quien (tableta, celular inteligente, gps, laptops). En los sectores en desventaja y en los países “en desarrollo” los Gobiernos y organizaciones no gubernamentales hacen esfuerzos por dar acceso al menos un dispositivo digital por estudiante, lo que se conoce con el modelo 1:1 (uno a uno).

Cambiar el sistema. La genialidad de Papert le hizo advertir (a la vez que predecía la ubicuidad de las computadoras) que las máquinas por sí mismas, no garantizarían ni aprendizaje relevante, ni mejoramiento de la educación. Por eso, repetía que hay un mundo de diferencia entre lo que las computadoras pueden hacer y lo que una sociedad decide hacer con ellas. Desde que publicó su primer libro, “Desafío a la mente” en 1980, en el que abogaba por el uso de computadoras en educación, también prevenía que no se debía esperar que la máquina tuviera un efecto en la educación, y más bien aconsejaba que se aprovechara su presencia para repensar fundamentalmente el sistema. Solía decir: “Mientras en las escuelas confinemos la nueva tecnología a simplemente mejorar lo que ya existe, en vez de realmente cambiar el sistema, nada significativo va a suceder”.

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