EL ARTE DE LA MAGIA es una hábil operación de mercadeo, y con ella el cine narra las aventuras de los personajes más conocidos de la literatura infantil contemporánea. Así nos llega Harry Potter y la piedra filosofal, la película que engendra cualquier cantidad de expectativas. Por eso, para los que gustan del cine, la llegada de este filme genera el sentimiento grato de una promesa cumplida.
El rodaje de esta cinta se extendió a 130 días (desde octubre del 2000), y es la consecuencia lógica de un arte -como el cine- al que nada le es ajeno, y menos la exitosa literatura escrita por la galesa J. K. Rowling, que relata la historia y las correrías de Harry Potter, el niño huérfano, hijo de magos asesinados un día por Voldemort (quien le dejó una cicatriz en la frente al chiquillo).
Criado de manera poco amorosa por sus tíos, Harry (interpretado en la película por Daniel Radcliffe) es elegido para estudiar en la escuela de magia y brujería de Hogwarts, donde conoce a sus fieles amigos Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson).
También conoceremos a los más extraños personajes: Albus (Richard Harris), el director de la escuela; Minerva (Maggie Smith), la felina profesora de transfiguración; Rubeus (Robbie Coltrane), el guardabosques gigante; Severus (Alan Rickman), el profesor de pociones; en fin, se trata de un mundo paralelo de hechiceros, troles, gnomos, unicornios, centauros, dragones, monstruos y de búhos que reparten cartas, un universo que los mortales (llamados "muggles") no conocen.
La película recrea la novela con escrupulosa fidelidad, tanta que se siente poco la mano del director del filme: Chris Columbus, realizador que (en este momento) filma la segunda película de la serie: Harry Potter y la cámara de los secretos, mientras Steve Kloves escribe el guion de la tercera: Harry Potter y el prisionero de Azkabán.
Por el momento, Harry Potter y la piedra filosofal, en cine, es un reposado esparcimiento de casi dos horas y media, con apuntes de comedia, de misterio, de aventuras y de fantasía. Eso sí, el joven actor Daniel Radcliffe resulta más inexpresivo de lo deseado y hubiera sido preferible un director más competente para tener -así- un filme con más calor, más apasionado y más asombroso.
Los comentarios de los críticos coinciden en que a la película le faltan gramos de atmósfera mágica, y esto es paradójico, porque se trata de un relato que se alimenta de la magia; por eso es que tan solo asombra por secuencias, aunque -sin embargo- no defrauda como entretenido cuento de hadas moderno con mitología medieval.