
Así como los tamales, el arbolito y el portal son toda una tradición en la noche del 24 de diciembre, los agüizotes o cábalas son desde la antigüedad parte de las actividades que se llevan a cabo el último día de cada año.
Llevar ropa interior amarilla al revés, tener a mano una maleta, una escoba, unas monedas o encender velas ... son muchos los rituales que tienen lugar durante esos primeros minutos del nuevo año.
Y aunque ninguna de estas prácticas tienen un fundamento científico sí tienen un gran sentido de tradición entre las familias y amigos.
Propósitos. Las cábalas generalmente se asocian con nuevos propósitos o deseos para el año que está a punto de comenzar.
Encontrar el amor, tener prosperidad económica, viajar mucho, casarse, tener paz y buena salud, son algunos de los deseos que las personas han tenido durante años y que han hecho que surjan los rituales que actualmente se practican al ser la medianoche del 31 de diciembre.
Según la historiadora Eugenia Rodríguez, muchas de estas tradiciones vienen desde la época medieval y surgieron en un contexto muy distinto, cuando no existía la iluminación eléctrica y se le tenía miedo a la oscuridad.
“De ahí”, dijo Rodríguez, “que se mantenga la creencia de que ese día no se debe vestir ropa negra porque da mala suerte, pero sí amarilla que por el contrario augura prosperidad y hace referencia a la luz”.
Entre otras prácticas comunes están: comerse doce uvas con las campanadas de medianoche pidiendo un deseo por cada una; ponerse ropa interior amarilla y al revés para obtener la felicidad; colocarse monedas en los zapatos para la prosperidad; y salir a la calle con una maleta para viajar durante el siguiente año.
Además, para el amor las personas optan, según el diario de México El Universal , ropa interior de color rojo, así como para ser iluminados buscan candelas y las encienden al lado de algunos ángeles.
De acuerdo a Rodríguez, muchas de estas tradiciones vienen de Europa. La historiadora mencionó que aunque muchas de estas prácticas no tengan mucho sentido, lo cierto es que la mente es muy poderosa y ella es la que puede hacer que esos deseos puedan o no suceder.
“Los mitos y las creencias son vehículos que durante muchos siglos han permitido que las personas construyan sus ilusiones”, dijo Rodríguez.