Cuando se habla de Rogelio López, sus alumnos se refieren a él como un maestro apasionado y con carácter; intenso durante sus entrenamientos y capaz de subirse al escenario durante los ensayos, con tal de transmitirles a sus bailarines la energía que necesitan sus obras.
“Rogelio ha forjado bailarines con una pasión y un compromiso que hace que uno siga manteniéndolo en su vida profesional”, asegura Luis Piedra, actual director de Danza Universitaria y quien trabaja con él desde hace 31 años.
Doris Campbell e Ivonne Durán, bailarinas de Danza Universitaria en las década de los años 80 y 90, lo recuerdan, además, como un maestro firme en sus decisiones.
“Conocí la danza cuando, desde muy joven y sin ninguna formación técnica, él me invitó a formar parte de una de sus obras (...) Yo aprendí esta profesión bailando y él fue uno de los máximos aportes en mi vida. Me enseñó de interpretación al revés porque aprendí la práctica y el estudio simultáneamente”, dijo Durán.
Con cariño, Doris Campbell recordó que un día que le llamó la atención le dijo que mejor se dedicara a “cocinar o modelar”. “Él siempre tuvo la fe de que iba a ser una gran bailarina, pero ese día se enojó tanto conmigo que no lo olvido porque me marcó para que yo me dedicara a la danza profundamente”, aseguró.
Las generaciones más jóvenes también llevan grabadas las enseñanzas del maestro. Ana María Moreno, egresada de Danza Abierta (último proyecto que López dirigió), afirmó: “Es un maestro que se tira con uno al agua. Cuando uno como bailarín está en escena, siente que él lo acompaña y eso es algo que aplicaré a mi vida como artista”.