En Costa Rica se ha hecho muy popular construir las casas de 2,5 metros del nivel de piso terminado al cielo raso. Para las zonas que tienen un clima no muy cálido, esta altura es suficiente por no tener que soportar mucho calor el cual se genera en verano, y también esta altura es apta incluso en las mañanas calurosas de la estación lluviosa.
Pero cuando estamos hablando de lugares con climas calientes, estas alturas entre piso y cielo raso se vuelven insuficientes, lo que hace que una edificación se convierta en un verdadero infierno.
Mucho mejor. La vida la podemos hacer más agradable en nuestras viviendas si las realizamos, tomando en cuenta, las características climáticas predominantes de la zona en la que vamos a desarrollar un proyecto.
En nuestro país, el haber generalizado la altura de las viviendas a un mínimo de 2,5 metros, ha provocado que cuando visitamos a unos amigos en las zonas costeras o bien nos hospedamos en algún sitio, sintamos la molestia del calor sofocante, todo por no haber tomado las medidas del caso, y haber hecho caso omiso de las condiciones climatológicas de las diferentes regiones de nuestro país.
Un pequeño gasto de más, redunda en comodidad, para quienes vayan a hacer uso de una edificación y con ello que el disfrute sea de lo mejor, tanto del paisaje, como de una zona costera u otro paraje, y con ello tener una noche de un sueño reparador.
Esta opción también es válida tanto para las casas de interés social, como para las personas de escasos recursos, porque en la mayoría de los casos estas viviendas quedan sin cielo raso y esto hace que la generación de calor dentro del inmueble se convierta en una condición insoportable para sus moradores.
Es necesario que en nuestro país se planifique la construcción y se tomen las medidas del caso, para que al ser llamados a realizar un proyecto en cualquiera de las diferentes zonas dentro de nuestras fronteras, realicemos los proyectos pensando no únicamente en acabados y en una arquitectura sofisticada, sino que también el bien a construir sea apto, agradable, saludable y cómodo para quienes van a hacer uso del mismo.
Si analizamos edificaciones del siglo XX, será notable la altura entre el piso y el cielo raso, ya que en la mayoría de los casos sobrepasaba los tres metros, lo que da una sensación de espacio y que no nos estábamos ahogando dentro de las cuatro paredes; esa sensación agradable de espacio la daba la altura que nuestros abuelos le daban a sus construcciones.