
No solo la raza humana evoluciona biológicamente. También lo hacen los sofisticados vampiros, con ayuda de buenos dentistas para sus colmillos y de modistas para sus capas. Igual lo hacen los hombres-lobo, licántropos, con ayuda de buenos peinadores. Lo cierto es que draculescos y licanos están por lograr la raza especial que sueña la genética: el cruce entre un hombre-lobo y una vampiresa, pero la guerra los separa por ahora.
Así lo vemos en la película Inframundo (2002), dirigida Len Wiseman, con la elegante actuación de Kate Beckinsale, como la bella vampiresa a la que cualquier tipo le pondría el cuello, y Scott Speedman, como el hombre-lobo galán que cualquier chica peinaría. No hay duda de que estamos ante una versión sobrenatural de Romeo y Julieta, el Romeo licantrópico y la Julieta vampírica.
Aunque el filme no encuentra el punto justo entre escenas de acción y la gran cantidad de argumento, da emociones con su atrayente cinematografía en búsqueda de misterios, con sus coreografías de aires góticos y con su argumento en tenebrosidades. Uno puede recomendarla, y así lo hacemos.
Es que, diga lo que diga alguna crítica, hay un toque de originalidad en el relato, hay una sugerente visualización del mundo sobrenatural y un toque romántico que le da sentimiento al tono de género fantástico. Y lo repetimos: recomendamos esta película.