George de la selva
Algunos dicen que no pasa de ser una hilarante parodia de las aventuras de Tarzán, otros destacan su originalidad. Lo cierto es que, con el sello de Walt Disney como soporte, llega ahora una graciosa comedia pasada por la aventura: George de la selva.
Tenemos elementos comunes: la selva africana, un avión que se estrella, monos inteligentes y audaces, un niño que sobrevive y una historia 27 años después.
George (Brendan Fraser) vive feliz en la selva, con sus amigos los animales, entre estos Ape el gorila, Shep el elefante juguetón y Tookie-Tookie el tucán sabio. Pero un safari viene a alterar la paz, donde vienen Úrsula Stanhope y Lyle van de Groot, pero también los villanos Max y Thor, quienes tienen distintos planes sobre la expedición.
George va a rescatar a Úrsula de un león, con algún costo, y la aventura apenas comienza, apenas, porque incluso hay un viaje de George a San Francisco, gracias al ruego de Úrsula. Pero Max y Thor continúan con sus desastres en la selva. Y por la ruta Tookie-Tookie llega un pedido de auxilio. Por ello, George regresa a la selva, y todo terminará en un columpio.
George de la selva nació en 1967 en los dibujos animados. Desde la primera vez que George se hamacó en un bejuco grueso y dejó la huella de su cuerpo en un tronco muy grueso, supo atraer toda una legión de fanáticos.
Ahora la película con Brendan Fraser trata de recuperar la magia del dibujo animado (según la creación original de Jay Ward) y, al mismo tiempo, ampliar sus posibilidades de audiencia contemporánea. Los productores de la película compartieron la visión de crear una comedia que mezclara romance, aventura y fantasía, pero a la vez se mantenga fiel al recuerdo de los viejos seguidores de George.
Desde el comienzo, el actor Brendan Fraser diseñó un héroe que sabe también meter la pata. Es parte del encanto que genera este largometraje que desde hoy puede apreciarse en distintos cines de la capital.