
La suerte, la fortuna, los hados, el destino, el infortunio, la desgracia... constituyen en el ser humano esa brújula misteriosa que marca imprevisiblemente los puntos cardinales de su vida.
El DRAE define hado como "divinidad o fuerza desconocida que se ha creído muchas veces que obra irremisiblemente sobre las demás divinidades y sobre los hombres y los sucesos". Este vocablo proviene del latín fatum (derivado, a su vez, de fari /hablar, decir/), o sea, lo dicho o predicho por el oráculo. Se trata del sino o destino, que señala ineluctablemente la dirección de los acontecimientos. Fatal, adjetivo, es lo que se refiere a los hados o destino. No necesariamente a un sino infeliz o aciago; sin embargo, en la práctica, fatal se aplica únicamente en un sentido peyorativo o desfavorable: Una decisión de fatales consecuencias. Un fatal accidente. Tuve el presentimiento de algo fatal... Uso similar se da a fatídico, casi siempre con sentido negativo: desgraciado, siniestro, nefasto. No obstante, la prueba de la neutralidad de los hados está en los parasintéticos bienhadado y malhadado, que señalan, respectivamente, un destino feliz y un sino desdichado.
[El hado es primo hermano del azar, vocablo aportado por la lengua árabe a la numerosa lista de términos castellanos que dicen relación a la suerte, la fortuna, el destino, la casualidad... En ese idioma la voz zahr significa flor (por esa misma razón llamamos azahar a la flor del naranjo), y popularmente se aplicó este nombre al dado o cubo de la suerte por llevar una flor grabada en una de sus caras. Azar significó sucesivamente, en nuestro idioma, cierto juego de dados, la cara desfavorable de esos mismos dados, mala suerte o desgracia y, finalmente (siglo XVII), casualidad o suerte. El adjetivo derivado azaroso, sin embargo, asumió un sentido peyorativo de intranquilidad o infortunio: "En aquellos azarosos días..."]
Rubén Darío, el excelso vate de América, en su poema Lo fatal, cantó con sombría desesperanza el triste sino del ser humano, condenado a recorrer el sendero imprevisible de la vida: Dichoso el árbol que es apenas sentivo,/y más la piedra dura porque esa ya no siente/pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo/ni mayor pesadumbre que la vida consciente...