Tegucigalpa . La tormenta Michell, que se desplazaba hoy hacia el Caribe, dejó cuatro muertos, siete desaparecidos, 100.000 damnificados y pérdidas materiales incalculables en Honduras.
El vocero del Servicio Meteorológico Nacional, Ernesto Salgado, admitió que ``la situación es grave porque el promedio anual de lluvias en Honduras es de 1.000 milímetros de agua, y sólo en cinco días hubo 530,5 milímetros de agua, más de la mitad de lo registrado en un año''.
Las inundaciones mantienen incomunicadas aún las extensas provincias de Yoro, al norte, y Gracias a Dios, al nordeste del país, con más de 200.000 habitantes.
``Las lluvias generadas por la tormenta tropical dejó una situación de desastre similar a la del huracán Mitch en el litoral atlántico hondureño'', dijo a la AP Juan Bendeck, comisionado nacional de la estatal Comisión Permanente de Contingencias (COPECO), en referencia al huracán de octubre de 1998, que dejó 22.000 muertos, desaparecidos, heridos, casi tres millones de damnificados y pérdidas superiores a los 6.500 millones de dólares.
Bendeck informó que la COPECO hace esfuerzos por rehabilitar el paso a unas 100 pequeñas comunidades de los seis municipios de Gracias a Dios, fronteriza con Nicaragua, donde hay unos 76.000 damnificados que están a la intemperie o en los techos de sus casas. Sobreviven comiendo las animales de granja ahogados que pasan flotando cerca de ellos.
El nivel del agua en las 10 pistas de aterrizaje de tierra y las carreteras de Gracias a Dios subió casi dos metros de altura.
Entretanto, los ríos y riachuelos de Yoro se desbordaron y destruyeron los caminos a las provincias vecinas de Atlántida, Cortés y Francisco Morazán.
La alcaldesa de Yoro, Erlinda Martínez, aseguró que ``la situación es crítica, ni siquiera Mitch nos castigó tanto. Estamos alarmados porque todos los ríos se han salido de su cauce y no tenemos salida a otros lugares''.
``Y no hay comida, ni agua potable ni energía eléctrica en muchos sitios'', agregó.
Se quejó porque el gobierno no ha reaccionado con prontitud para atender a los damnificados. ``La COPECO no nos ayuda y no sabemos qué hacer'', dijo.
Muchísimos hombres, mujeres y niños están hambrientos en edificios del gobierno. Otros, sin embargo, levantaron refugios con plásticos, cartones y madera a lo largo de las carreteras del Caribe.
Las aguas arruinaron más de 6.000 hectáreas cultivadas de granos básicos y caña de azúcar, y ahogaron unas 3.000 reses y animales domésticos.
El presidente Carlos Flores Facussé, que decretó el martes un estado de alerta máximo, informó que gestiona ayuda humanitaria a la comunidad internacional.
La emergencia, que inicialmente sólo abarcó cinco provincias de la costa norte, fue provocada por una depresión tropical con fuertes lluvias y un frente frío, que generó vientos huracanados en el Atlántico.
Las tareas de rescate y evacuación de personas continúan en numerosos poblados de la costa norte, tras desbordarse unos ocho ríos caudalosos en la zona.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Editora nacion.com Fuente: agencias.