Para algunos son signo del quinto mes; para otros son una verdadera plaga, y para la gran mayoría es un misterio saber dónde se ocultan el resto del año. Se trata de los abejones de mayo.
En Costa Rica existen más de 100 familias de estos insectos, una de los cuales son los Phyllophaga. Las más de 70 especies de este género varían muy poco entre ellas, tienden a medir no más de dos centímetros, y los encontramos en colores café y negro.
"La aparición de los abejones en mayo está relacionada con su ciclo de vida. Por lo general, es el momento propicio para la reproducción", explicó ángel Solís, biólogo del Instituto Nacional de Biodiversidad.
El proceso comienza cuando un abejón macho se aparea con una hembra; luego, ella se introduce bajo la tierra para depositar los huevos.
Poco tiempo después, estos se transforman en larvas. Los agricultores los llaman jobotos o jogotos. Suelen ser muy dañinos para los cultivos ya que se alimentan de las raíces. Entre las siembras más perjudicadas están las de frijol, caña, papa y piña.
Cuando crecen lo suficiente, cambian de cuerpo como parte de su metamorfosis, y se transforman en una pupa. Curiosamente, en esta etapa, los futuros abejones no se alimentan y permanecen inactivos.
Al llegar las lluvias, estas ayudan a remover las tierras. Así salen estos pequeños insectos, y de nuevo se inicia el proceso de reproducción, en donde los machos buscan a las hembras para aparearse.
Amigos de la oscuridad
Los primeros aguaceros empiezan a caer en el Valle Central durante mayo, por ello es que los abejones abundan en este mes. Durante el resto del año se encuentran bajo la tierra en proceso de crecimiento.
Pero además de que solo los vemos por semanas determinadas, por lo general aparecen durante las noches. Muchas veces lo hacen por protección; incluso, prefieren salir de sus escondites durante la luna nueva porque hay menos luz.
Otro detalle que nos llama la atención de ellos es su dificultad para desplazarse; pero no es que los abejones sean torpes o ciegos, sino que no están acostumbrados a movilizarse en la ciudad. Por eso los vemos estrellarse contra las paredes o los encontramos "patas arriba".
"Si uno los ve volar en el bosque, notaremos que son lentos, pero no torpes", agregó Solís.
Aunque las lluvias han aumentado en las últimas semanas, quizá no ha sucedido lo mismo con el número de escarabajos; es más, cada mayo vemos menos.
Solís explica que ese descenso tal vez se deba a los insecticidas que se utilizan en nuestros días para proteger los sembradíos.